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No me des mas lata... -Privado-

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No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Vie Nov 22, 2013 12:46 pm

Había salido de mi casa hace tan sólo una hora, y ya estaba regresando felizmente. Bueno, mejor dicho, había salido de la casa de Kardia hace un rato para hacer las compras y, una vez terminadas, iba a llevar los recados que me habían pedido. ¿Qué diferencia había si, estén donde estén, aquellos dos Deimos ya se habían convertido en mi hogar y mi familia? Sonreí ante eso, pensando que tan vez era un comentario un tanto cursi para poner en palabras.

Bueno, llevaba las bolsas un tanto abarrotado. ¿Par que iba a necesitar Kardia tantas cosas? Eran provisiones suficientes como para alimentar a un batallón pequeño por un mes… O a Connor por una semana. Me reí ante eso, pensando que la pobre cada vez se tenía que esforzar más y más en las comidas. Me sentí un tanto culpable, debería de dejar de comer e su casa y volver a mis viejas andanzas de cazar palomas…

Estaba tan distraído por eso que casi ni realicé cuando alguien se precipitó contra mí de manera accidental. El pequeño choque hizo que una de las bolsas se cayera de mis manos y que todas las latas que llevaba dentro de ella se desparramaran por el suelo. – ¡Oh, no! – comenté con un suspiro apenado. Ahora sería un coñazo tener que agacharse y juntar todas las cosas desparramadas… Y como si fuera poco, faltaba poco para que sea la hora de cenar. Le sonreí a la persona con un tanto de pena, después de todo, había sido un accidente… ¿No?


Última edición por Xerrac Ion el Dom Dic 08, 2013 3:59 pm, editado 1 vez
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Vie Nov 22, 2013 5:03 pm

Caminado por aquellas calles abarrotadas de gente, habían tantas posibilidades de imaginarse cuantos de los que aquí están ahora son existencias fuera de lo común, era una idea que me daba vueltas en la cabeza. No hace mucho que estoy en Bucarest, exactamente 1 día con 5 hr 6 min y 21 s.

Desde mi llegada no he tenido tiempo de buscar a mi Maestro, cuando descendí del Cielo todos los apuntes con sus datos se me extraviaron – Malditas venticas- Replicaba – Y aun me falta asearme, buscar un lugar para dormir, donde comer, buscar la estúpida escuela… - Enumeraba mientras masajeaba parte de mi nuca para relajarme del estrés anticipado, seguido de la acción de sentarme en una de las bancas que hay en las paradas del transporte público. – Esta ciudad es tan escandalosa por el día, si desplegaras mis alas y buscara de forma aérea me imagino a esos humanos corriendo de una lado a otro, gritando y llamando a la policía – Rezongaba, por la molestia de tener que esperar hasta la noche para poder comenzar con mi indagación.

Sentada en aquella solitaria estación de buses suspiraba como si esperara a que sucediese algo… -¡Seel! ¡¿Dónde diablos te has metido?! – Gritaba esperando que “el” apareciera… sin embargo no hubo contestación alguna… - Rayos esta es casi la hora de la cena en el mundo humano – Comentaba acariciando parte del vientre, entrecerrando los ojos y dando un gran bostezo que cubría con mi mano libre.

-Por allá hay una cantidad variada de tiendas, entre comida, ropa, comida… - Hablaba sola caminando con  gran desgano producido por el hambre y el sueño. Al dejar caer con aburrimiento la cabeza y posar la vista en el suelo pude observar un papel rectangular… - ¡¿Es dinero?!- Grite con gran emoción, causando miradas de asombro en todas esas personas que llevaban bolsas de las diversas compras que habían realizado.

- Grrr… ¿Que están mirando? – Susurraba para mí, acuclillándome para recoger lo que me salvaría de morir de hambre en este día. Como era de esperarse no pasaron ni 5 minutos antes de que me acercara a alguna cafetería abierta para revisar si el botín encontrado al menos alcanzaba para una bebida y si tenía suerte uno que otro pastelillo.

-¡Maravilloso! – Se escuchaba en mi mente, el dinero que había encontrado alcanzo para comprar un cappuccino con crema y un pequeño, pero no despreciable pastel de chocolate, estaba tan feliz de que al menos podía llenar mi estómago y no perecería antes de encontrar al Maestro.

Sosteniendo el fiambre con ese par de pálidas manos la mujer de ojos tan rojos como la sangre se disponía a buscar un lugar en el cual pudiese comer a gusto. Miraba a los extremos para cerciorarse de que no hubiese nadie que se cruzara y por alguna jugarreta del destino tropezara y su tan preciado refrigerio se fuese a la basura. – Bien, no parece haber algún impertinente – Decía girándose cuando uno de los zapatos que llevaba puesto se atoro con algo haciendo que perdiera el equilibrio, los movimientos eran solo comparados con una danza ridícula, pero con gran fuerza de voluntad puedo estabilizarse – Uff… eso estuvo tan cerca – Comentaba sonriente cuando de repente algo impacto contra ella haciendo un sonido de varios objetos de metal cayendo al suelo en sincronía con el café derramándose en el vestido negro y echando a perder aquel bocadillo, por si no fuese poco ella quedo en el suelo también.

Levantándose hasta quedar arrodillada y sosteniendo su cabello plateado despeinado la enojada muchacha recrimino en el acto lo sucedido – ¡¿Acaso eres idiota?! O ¡¿Estas ciego?! – Vociferaba ante un muchacho delante de ella rodeado de latas en toda dirección que dibujaba una tonta sonrisa en señal de disculpa, supuso ella.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Sáb Nov 23, 2013 5:54 pm

¿Qué...? ¿Qué diablos acababa de decir aquella chica? La miré perplejo por unos segundos, borrando lentamente la sonrisa de resignación de mis labios. Pero que carajos le pasaba a esa chica... Alcé una ceja serio, sintiendo como poco a poco el enojo iba invadiéndome... ¡ELLA SE HABÍA CHOCADO CONMIGO Y AHORA TENÍA LA HIPOCRESÍA DE TRATAR DE ECHARME LA CULPA A MÍ! Apreté mis puños con un tanto de ira, al igual que mis dientes, mientras la miraba un tanto despectivo. - Tu me chocaste a mí... ¡Y ni siquiera tienes la decencia de pedir perdón! Eres una desubicada... - comenté mientras , indignado, me agachaba para depositar mis bolsas en el suelo y juntar nuevamente las latas que se desparramaban a mi alrededor. Atún, palmito, tomates, arvejas... Latas de todo tipo rodaban lejos de mi alcance, obligándome a tener que estirarme más de lo que podía en el afán de tratar de capturarlas devuelta.

- La próxima vez no te choques a las personas, y si lo haces, agacha la cabeza y sigue caminando antes de comenzar a gritar como una histérica... - comenté aún un tanto enfadado, viendome obligado a tener que buscar las latas desparramadas por toda la calle oscura. ¡Y yo que quería llegar a tiempo para comer en el Instituto! Suspiré, perdiendo de vista un par de latas. Diablos.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Dom Nov 24, 2013 5:27 pm

¡Rayos! – Pensaba aun posada en aquel suelo frio de losetas blancas, sosteniendo mi cabellera y con una sensación caliente y húmeda en el estómago, producida por el café derramado en él. El chico impertinente con el cual había chocado no tardó en responder con ferocidad - ¡Fuiste tú quien choco conmigo! – Recrimine al mismo tono de voz que el utilizaba conmigo poniéndome de pie para darle cara.

Dando pisadas fuertes me puse delante de él que se encontraba recogiendo las numerosas latas que se encontraban dispersadas en todo sentido colocándolas en las bolsas que aun sostenía…

- No agacharía la cabeza con alguien que no acepta su error, fuiste tú quien se tropezó conmigo, ¡Y además echaste a perder mi almuerzo! – Comentaba mientras cruzaba los brazos y con una mueca depositaba la mirada hacia un punto vacío y hacia rechinar los dientes, mientras él seguía recogiendo las latas.

- ¡Hey! ¡¿Me estas escuchando?! – Preguntaba elevando la voz y colocando las manos a los dos extremos de mi cintura – Demonios, ¿Acaso me está ignorando? – Pensaba con gran molestia, no solo terminó de hacer mi día pésimo ahora no responde a lo que le digo…

Llevando la mirada hacia la parte inferior pude ver como una de las latas rodaba hasta mi pie derecho, en ese momento solo se me ocurrió algo…  Me incline a recogerla, y con gran entusiasmo, pero no del positivo la estrelle contra su pecho aun sujeta a mi mano – Te dije si me escuchas – Decía con mucha seriedad; el pequeño golpe no fue con toda la fuerza con la que me hubiese gustado, estaba débil, sucia, desorientada, cansada y hambrienta. Era suficiente motivo para sentirme vulnerable.

- Cógela – Separaba la mano de su pecho y la estiraba dándole la vuela con la lata en posición hacia arriba, mirando directamente esos ojos rabiosos que se encontraban con los míos. Que también eran desafiantes.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Lun Nov 25, 2013 9:32 am

¿Todavía seguía con ello? Cualquier persona que interfiera en la trayectoria de alguien que iba caminando tranquilamente en línea recta es el causante del accidente. Y yo precisamente no era el que iba dando tumbos por toda la acera. Aplicaría su lógica, iría agitando los brazos por la calle mientras gritaba: “Si te golpeo será tu culpa, Si te golpeo será tu culpa” a ver si todos opinaban de la misma manera… Suspiré, pensando que estaba loca… O que era como una niña perdida en un centro comercial. Y yo que había pensado dejársela pasar hasta que comenzó a gritarme como una histérica.

Alcé una ceja al escucharla seguir recriminando. ¿Acaso dijo almuerzo…? ¡Eran aproximadamente las 10 de la noche! Nadie almorzaba a esas horas, excepto en Australia, que le llamaban almuerzo y merienda a cada comida del día. Y estaba bastante seguro que no estábamos en Australia… alcé mi mirada hasta verla y simplemente no dije nada. No seguiría discutiendo por algo como eso, más su comentario me había hecho preocupar un poco.  

Llevó la lata a mi pecho, furiosa, insistiendo que tenía que prestarle atención. ¿Por qué debería? Para ella sólo debía de ser un extraño y nada más. Allí todos se comportaban así. Si chocabas a alguien y te comportabas de esa manera, simplemente te dedicaban miradas frías y de asco y se alejaban. Allí todos eran fríos como la misma nieve invernal. Tenía que adaptarme, tenía que ser así y ya… Cerré los ojos con fuerza y pensaba sobre eso, mientras sostenía las bolsas con una mano, escuchando nuevamente su comentario. Sentí que su mano se separaba de mi pecho y ya no pude contenerme más. Diablos.

La miré con un poco de irritación y la tomé por la muñeca, arrastrándola calle abajo. No era muy difícil, se notaba que estaba débil, hambrienta y cansada, lo que me hacía sentir peor conmigo mismo. Si me preguntó hacia donde nos dirigíamos, simplemente la ignoré y seguí caminado a paso firme hacia mi destino. Me irritaba tener que escucharla, me irritaba tener que verla, me irritaba que haya tirado mis latas, me irritaba haber arruinado su comida, me irritaba haber hecho que sus ropas se arruinaran, me irritaba que de alguna forma u otra haya sido mi culpa. Y yo no dejaba las cosas de esa manera.  
Llegamos a una plazoleta de la ciudad iluminada. Y yo todavía sosteniendo a aquella chica por la muñeca, me dirigí a una limpia y pulcra cantina de paso, abriendo la puerta enfadado y dirigiéndome hacia una mesa desocupada. La solté al llegar allí y deposité las bolsas a un costado de mi asiento, aún un tanto cabreado con ella. Me quité la chamarra y se la tiré, sabiendo que para esas alturas su café ya se habría congelado.

- Elijé. – le dije fríamente mientras le tendía el menú que aquella camarera rubia nos había traído. No iba a negarlo. Me sentía con un gran compromiso moral para aquellas alturas. Sabía que era pasar hambre y frío. Sabía que era que todos te ignoren y odiar al mundo. Sabía de qué violencia y agresión era capaz las personas… ¡Pero yo no les echaba la culpa cuando me los chocaba por la calle! Me crucé de brazo y esperé a que pidiera algo, ya llegaba tarde para cenar en el instituto y Kardia no me esperaría hasta más tarde, estaría comiendo con Connor tranquilamente.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Lun Nov 25, 2013 7:42 pm

¿Qué estaba pagando? ¿Por qué a mí? , eran algunas de las preguntas que circundaban en mi mente mientras esperaba que el muchacho se dignara a recibir la lata que sostenía en la mano y me prestara atención, al menos eso podría hacer, no creo que sea tan tonto.

-Vamos date prisa… - Repetía impaciente en mi cabeza, no puedo gastar la poca energía que me queda sosteniendo esto aún debo buscar a mi maestro, además es irritante estar con este muchacho, - Odio estar tan débil - Susurraba de forma que estaba segura que él no me escucharía. Sin seeal no podía hacer mucho, lo necesito, pensaba.

Veía como su rostro hacía diferentes muecas, de fastidio y similares…  - Pff… ¿Está enojado? Pero si la afectada soy yo… ¡Rayos! – Sentía una sensación de frio en el vientre, también un vacío, esa única bebida con la que contaba se había enfriado a una velocidad impresionante, y me provocaba  escalofríos.

Ese momento parecía eterno, como si el tiempo se hubiese congelado al mismo ritmo que mi café, - ¿Cuánto tiempo ya he desperdiciado? – Me preguntaba entre suspiros, con la mano aun extendida y la vista perdida en algún punto vacío que ni yo misma reconocía. De un momento a otro sentí como mi cuerpo se impulsó hacia delante de un jalón, no supe cómo reaccionar, al parecer estaba más aturdida de lo que imaginaba. Después de salir del shock, que duró unos cuantos segundos, noté que mis piernas avanzaban y no sabía cómo, al levantar la mirada veía cómo una silueta me tomaba de la muñeca, aun mi mano sostenía la lata, su fuerza era lo que me hacía caminar cuesta abajo, por una calle mucho más iluminada que la de las tiendas.

- E… e… ¡espera! ¡¿Este sujeto me esta llevando a la fuerza?! Pero ¡¿Quién diablos se cree que es?! … - ¡Si tuviese energía lo aplastaría sin dudar! – Gritaba, pero en mi mente, aunque él me impulsaba con su fuerza yo también aportaba algo de la mía y caminar me desgastaba aún más. De esa manera me llevo unas cuantas calles, atravesando una pequeña plazuela y conduciéndome a un lugar parecido a un restaurante… o al menos eso parecía. Con un golpe brusco me sentó de golpe en una silla y soltó mi muñeca, esta tenía sus dedos marcados en líneas rojas alrededor de todo el contorno, producía una sensación de ardor y escozor al mismo tiempo.

- Vaya patán… es un idio… - Pensaba pero, no pude terminar la frase, algo chocó contra mi rostro, no fue doloroso ni mucho menos agresivo, pero si impactante, no me lo esperaba; el muchacho se había retiro la chaqueta y me la había cedido… - ¿Por qué lo hace? – me interrogaba a mí misma, sabiendo que no habría respuesta. Quedé perpleja ante este acto, no podía decir si lo había hecho como gesto de amabilidad o para no darme tiempo de pronunciar palabra alguna.

Una mujer de cabello rubio y sonrisa amigable se acercó a él y le entrego una cartilla de tamaño regular para luego retirarse, yo aún no podía expeler ninguna frase, me encontraba desconcertada observando a este misterioso chico. Él leía la carta levantando una ceja y luego haciendo muecas raras;  - «Elije» – escuché pronunciar esa palabra de su boca irregular por la mueca que sostenía aun, extendiendo la cartilla. Tome el objeto y procedí a leerlo de arriba a abajo y viceversa… - ¿Por qué lo haces? Sé que te molesta estar cerca de mí, al menos eso noto en tu rostro, entonces ¿Por qué? – Preguntaba con la voz vacilante y rasposa por estar callada tanto tiempo, depositando el papelillo plastificado sobre la mesa, sosteniendo en el regazo la chaqueta que despedía un aroma fuerte, una loción fuerte, que no era desagradable.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Lun Nov 25, 2013 8:34 pm

La miré fastidiado y me crucé de brazos. Le dije que eligiera, no que desperdiciara tiempo hablando. Bufé por los bajo y fruncí la boca, esperando que una vez por todas dijera algo. "¿Por qué? ¿Por qué?" estaba quejando como una niña caprichosa. - ¿Y por qué no? - conteste fastidiado, desviando la mirada. Seguía enojado y seguía esperando una disculpa de su parte. No era que me molestaba estar cerca de ella, solamente que seguía resentido por que haya tratado de echarme la culpa. Si ella era terca, yo lo era todavía más. Mi humor podría cambiar tan rápido como una lampara al presionar un interruptor, pero si juegas con eso terminará estallando y dejará de funcionar. Desvié la mirada, pero al ver que las palabras no surgían y ella se negaba a elegir algo, me vi forzado a tener que ceder. Si ella era terca y yo era todavía más terco, no llegaríamos a ningún lado: como dos remeros remando para lados diferentes que no llevaban a otro lugar más que a dar vueltas en círculos, como dos burros atados tratando de comer de dos briznas de hierba en distintas direcciones. ¡No quería ser el burro más terco!

- Mira, no es que me moleste estar contigo, ni siquiera te conozco… ¡pero tu me chocaste! - repetí con indignación, recuperando mi lata de arriba de la mesa y abrazándola de manera protectora. Podía sonar bastante delirante, pero yo ya estaba bastante frustrado por todo eso. Solté un quejido de cansancio y dolor y me llevé una mano a la frente, cerrando los ojos por un instante y masajeandolos. - Lo que más me irrita es que te comportes como la reina de Inglaterra… - comencé a decir liberando frustaciones. Suspiré pesadamente y deposité la lata nuevamente sobre la mesa, apoyando los codos y mirándola a los ojos. - ¿Sabés? Todos tenemos problemas, no eres la primera persona que pasa frío o hambre, no eres la primera persona que se cae en la nieve cuando hace frío, no eres la primera persona que no tiene familia, ni amigos en los que contar, que su hogar fue una mierda, que no tiene para comer, que todo el mundo por ser deimos… ¡Qué es despreciado y que nunca recibe ayuda! - comencé a decir apuradamente, literalmente sacando de enzima toda la mierda que venía cargando desde hace ya mucho tiempo. Ahí estaba el motivo. Ella preguntaba porqué la ayudaba. Y yo le respondía porque ella era igual a mí… A su manera.

- Y ahora pide algo de una maldita vez… ¿Sabés que? Deja. - comenté mientras le sacaba el menú de enfrente y llamaba a la camarera. - Un bistec asado y un plato de ensalada variada, una porción de papas fritas y para mí un café cortado y nada más. - comenté distraídamente, todavía un tanto irritado por lo que acababa de decir. - Espero que tengas hambre - comenté con una mueca a penas la camarera se había alejado con el pedido, ahora irritado conmigo mismo más que con ella.Debería de pagar por adelantado y marcharme de allí, aún mientras mi orgullo y dignidad permanecieran intacto… Oh espera, ya las perdí por ser un jodido bocazas. Golpeé mi cabeza contra la mesa en señal de frustración y me quede allí, tratando de averiguar si aquello le servía a los avestruces o no...

off rol:
Xerrac no esta loco, tan solo es especial (?) Y terco
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Mar Nov 26, 2013 12:32 am

Esperaba que me dijera el “porque” de sus repentinas acciones, ¿Acaso no dice que fui yo quien le choco? O ¿Estaba buscando hacer su buena acción del día?... no, era solo que él sabía que era su culpa, eso era, no hay nada más.

- Porque eres tú quien ha puesto muchas más malas caras – Le respondía girando el rostro hacia otro extremo, si él era quisquilloso podría contrarrestarlo con lo mismo, el veneno se combate con veneno – Pensaba con una tonada de supremacía.

No espere que siguiera escupiendo más frases con su tonta voz, que provenía de esa tonta garganta, de ese tonto cuerpo, ¡de ese idiota frente a mí!, pero así fue siguió formulando oraciones que aunque no me interesaban tendría que escuchar… Al escucharlo mi expresión cambió de golpe, mis ojos se agrandaron ante tantas tonterías y es más ¡¿Cómo se atrevía a decirme esa sarta de….?! ¡Argg!... ¡Qué insolente!

-¡¿Pero qué crees que estás diciendo?! – Añadí de inmediato poniéndome de pie y golpeando la mesa con ambas manos - ¡Fuiste tú quien me choco! ¡Basta de ello! Y además… - Se me cortó de lleno la voz al observar a todos lados y ver que las personas que ocupaban las mesas aledañas me observaban - ¡Demonios! Por culpa de este tipo estoy actuando como una loca histérica… - Vociferaba en mi cabeza de forma iracunda para mirarlo con los ojos más desafiantes que pude poner y tomar asiento nuevamente. El proseguía, pero, ¿De qué rayos está hablando? ¿Deimos? ¿Familia y amigos? Tsk… parece que he tocado una fibra sensible en él, espero y no se ponga sentimental.

-¡Lo sé! – Decía mientras levantaba la mano derecha haciendo un gesto que podía interpretarse como “Ya cállate” - Así que eres un Deimos – deje escapar un leve suspiro – Pues tu vida no sería mejor si fueses un ángel o cualquier otra cosa – Comentaba con la voz más relajada, - De que sirve ser un ángel si te desprecian… - Susurraba lentamente sin tener en cuenta que estaba hablando y no pensando. No pude descifrar si él me escucho o no cuando me di cuenta de mi estúpida frase, solo seguía mirándome, esperando que dijera algo más…

Con un brusco movimiento arrancho de mi lado de la mesa la carta y levantando el brazo llamó a la misma mujer rubia que nos había recibido, ordenando platillos que estaban escritos en el papel, la mujer sacó un pequeño cuadernillo  y un bolígrafo del bolsillo del delantal que llevaba atado a la cintura y procedió a anotar todo lo que el despistado le decía.

- Sí, tengo hambre, porque alguien echo a perder lo que iba a comer – Afirmaba asintiendo y comentando entre dientes acunando el lado derecho de mi rosto con la mano diestra sin mirarlo a la cara, al final no me importaba este desconocido… - Y deja de ser grosero – Añadía con ímpetu, no podía permitir que me tratara como si fuera alguna conocida suya o algo peor, todo fue su culpa y es por eso que me trajo aquí, fin de la historia.

Veía de reojo como hacía gestos raros y muecas de incomodidad, como si en el interior de su cabeza hubiese un pleito entre él y alguien más… Azoto esa dura cabeza contra la mesa, mi paciencia se vio colmada… No bastaba con la atmosfera densa que se podía respirar, no, él tenía que hacerlo peor…

-¡Basta! – Grite, él levanto la mirada – ¡Si me trajiste aquí para reparar lo de mi fiambre bien! ¡Pero te comportas, al menos comamos en paz! Al final no somos “amigos” u otra cosa – Acotaba, no solo me molestaba compartir la mesa con él, también era esa actitud suya que hacía que me sintiera eludida, que mi presencia le molestaba, no tenía la culpa que fuese un despistado. La rubia mesera se encontraba en medio de los dos con una bandeja en manos que contenía todos los platillos que solicito el deimos gruñón… mi nariz no pudo controlarse al olfatear ese delicioso aroma, dirigiendo ese sentimiento a mi vacío estómago, pero era demasiado orgullosa como para aceptar comer con alguien que me ponía mala cara, no quiero sus sobras ni migajas. Así que espere hasta que tuviera algo que decir, si quería ponerse de pie e irse ¡bien! No suplicare por un poco de comida, aun me queda dignidad… aunque se ve delicioso ¡No! No lo haré…
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Mar Nov 26, 2013 8:58 pm

No contesté a su comentario. Después de todo, yo tenía razones para poner malas caras. Me había chocado, gritado y maltratado. Y todavía se comportaba de manera soberbia. Suspiré y conté mentalmente hasta 10… hasta 20… hasta 30… No, aunque tratara no podía calmarme, esta vez si que estaba verdaderamente cabreado, ¡Y todo por una estupidez! Tenía miedo salirme de control y explotar como pocas veces me había pasado antes, no quería eso, prefería irme antes que eso.  

Se puso de pie de un salto, gritando y golpeando las mesas con la mano. ¡Y después esperaba que no me quejara sobre que exageraba las cosas y que se comportaba como una histérica! ¡Estaba loca, completamente loca! Lo más sano para mí sería huir de allí rápidamente, antes que las personas de nuestro alrededor comenzaran a vernos como una amenaza. Parecía que no entendía lo que significaba disimulo y perfil bajo. ¡Si quería permanecer en aquella ciudad intacta necesitaría aprender a manejar su mal genio de una vez! Eso y admitir sus errores. La tomé de la muñeca y le di un suave tirón, indicando que debería callarse y bajar la voz. La ví con cara de terror y preocupación. Parecía que todavía no entendía la delicada situación de aquella ciudad, pero yo no iba a dejar que los exorcistas o mercenarios me atraparan por estar armando revueltos…

Cuando terminé de hablar, estaba más furioso conmigo mismo que con otra cosa… Pero eso no duró mucho. Vi que levantaba su mano con altanería y exclamaba como si ya supiera sobre todo. Alcé una ceja y dejé que mi mandíbula colgara… ¿Enserio? ¿ENSERIO? No sabía porque estaba haciendo todo aquello por ella, hubiese sido más sano para mí haberla dejado en la calle y ya está, haber actuado como todos y ya, juntado mis latas y huir de allí. Pero no, tuve que ir a ayudar a la señorita “yo lo sé todo y soy superior”. ¡Qué me caiga un rayo! La próxima ignoraría a sea quien sea, después de todo, no volvería a poner la otra mejilla por nadie. – Di un solo motivo por el cual te odien por ser ángel y encontrarás tres por los cuales te odiarían por ser Deimos. No se puede estar en paz con todos en esta vida… - dije secamente. No iba a demostrar simpatía o pena, ya la había demostrado en su momento y ahora estaba sufriendo las consecuencias de eso… ¡Sus comentarios me sacaban de quicio! No iba a discutir con ella sobre eso, pero estaba casi seguro que ser u poscripto condenado al infierno era mucho peor que ser un mártir, un santo o un querubín. Maldito y exiliados a vivir en el infierno, allí donde las almas malvadas se retuercen entre los altos hornos del infierno… ¡Y todo sin motivo aparente!

- Sí, tu misma lo echaste a perder cuando te chocaste conmigo. – comenté con aire distraído, sin prestarle atención a sus recriminaciones y entregándole el menú nuevamente a la señorita camarera. A pesar de las diferencias parecíamos dos hermanos, discutiendo sobre un mismo tema sin cansancio. Eramos necios y, a pesar de que había decidido ceder un poco, iba contra mi naturaleza tozuda. - Deja de comportarte como una niña de una vez por todas, estas en la tierra, ya no más volar sobre las nubecitas… ¡Céntrate de una vez! ¡Estás en la maldita tierra! Aquí es mucho peor de lo que podrías llegar a imaginar… - añadí en un susurro apurado, inclinándome hacia adelante y diciéndolo de manera en que sólo ella pudiera escucharme, como si la estuviera regañando. Entre los gritos, su actitud, y sus comentarios, estaba bastante seguro de que su estadía aquí sería breve. Sólo esperaba que terminara por las buenas maneras y no por las malas… - Dame motivos para dejar de ser grosero, desde un primer momento comenzaste con tus comentarios altaneros… - comenté mientras llevaba una mano a mi frente y cerraba los ojos irritados. ¿Todavía exigía delicadeza? ¿Y yo qué? ¡Yo también quería compartir una cena con alguien agradable! Su actitud ácida incluso me había quitado el apetito. Si ella quería un príncipe azul, entonces yo quería una educada princesita… Pero ella me tenía a mí y yo… “A la reina de Inglaterra.” Concluí con un suspiro, mirando de reojo a todos lados hasta comprobar que la gente ya había comenzado a ignorarnos nuevamente. Genial, ese sería un problema menos.  

La miré confundido, alzando una ceja. Yo estaba debatiendo conmigo mismo, necesitaba preciado silencio por unos segundos. Pero después de todo tenía razón: Ni siquiera éramos amigos, no tenía que soportar todo aquello. Sonreí de una manera casi infantil ante todo aquello. ¡Era la solución perfecta! Pagar y huir. Ella tendría su comida y no moriría de inanición, y yo no tendría que soportar su podrida actitud por más tiempo. – Para que sepas no estoy tratando de reparar por nada, te veo hambrienta y te doy comida, te veo con frío y te doy abrigo, te veo con sueño y… - “te iba a dar un techo pero cambié de opinión” concluí dentro de mi cabeza al ver a la mucama llegar, con una mueca en mi cara. ¡No quería a aquella personita en la casa de Kardia! Lo que faltaba era que se peleara con la dueña de casa y termináramos los dos en la calle. O peor… ¡Que se hagan amigas y tenga que seguir sufriéndola por más tiempo! No era que me callera mal o algo parecido, sólo que ambos estábamos ofendidos y que ella no apreciaba nada de lo que hacía por ella. Hubiese preferido que ni siquiera lo mencionara, que se quedara en silencio. Por lo menos sería una desagradecida y no una desagradecida insufrible…
 
Sin embargo, algo no me permitió pararme pagar e irme. Ya tendría tiempo para eso más tarde, cuando me marchara planeaba hacer antes que ella. Después de todo, ya era tarde y si quería entrar al instituto debería de trepar los muros y subir escalando hasta mi cuarto. No es que me molestara, amaba trepar, pero estaba cargado de bolsas y no quería llegar demasiado tarde a la casa de Kardia de todas maneras. Tal vez podría dejarla a ella en la casa de Kardia y huir… ¡No, que se busque su propio lugar, ya había decidido que debería de ser indiferente!... Pero se veía tan indefensa que me dolía el dejar a su suerte. ¡Seguramente terminaría siendo golpeada por algún borracho malhumorado!

- Si vas a comer empieza antes de que se enfríe… Y si vas a bendecir algo te vas a la otra esquina del local… - comenté gruñón, señalando hacia el extremo opuesto del local. Ya había tenido bastante con la comida del orfanato, siempre terminaba sacándome llagas o causándome vómito o indigestión, todo por las bendiciones diarias. Era como alergia a cualquier cosa sacra… Lo único que me había salvado en esas épocas había sido que el ayudante de cocina fuera amigable y separara pequeñas porciones para mí.

- ¿Cómo llegaste aquí y cuando te vuelves? – pregunté mirándola fijo con un tono cordial, tomando una papa y mojándola en el café antes de comerla. La miré con cara de confusión… ¿Qué? Yo comía así, al final, todo se mezclaba en el estómago… Y el café era amargo.

- ¿Cuál es tu nombre? Claro, a menos que quieras que me refiera por ti como “La reina de Inglaterra” por mucho más rato… - añadí con una sonrisa torcida, tratando de hacer mi mejor esfuerzo por ser cordial,, después de todo, si iba a compartir mesa con ella, quería que no fuera simplemente una extraña quejosa que choco contra mí por la calle.  

Off Rol:
Te llevarías mejor con mi otro pj, Aurel, el si sabe tratar tsunderes (?) Y aquí es donde se acabó toda la inspiración de la noche
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Miér Nov 27, 2013 1:57 am

»La Tierra es un lugar terrible, debes cuidarte de todos«… Recordaba la frase que mi Maestro me dijo poco antes de marcharse y en efecto, este lugar no me gustaba, pero tampoco lo odiaba, solo no sentía nada, porque no había nada aquí para mí, en realidad en ningún lugar hay algo para una vida como la mía.

- ¿Por qué aguantaba a este tipo? ¿Solo por qué me pagaría la cena? ¿Tan bajo he caído? – Reflexionaba viendo como la situación se tensaba más, él no me soporta y yo tampoco, entonces ¿Por qué estoy sentada aquí? No lo comprendo… no tengo respuesta…

Después del reclamarle parte de su testaruda actitud de forma que no pudiese ignorar mis palabras, él me tomó de la muñeca – Vendita muñeca – era la misma que aún tenía sus dedos marcados en mi piel, todavía producía ardor aunque con menor intensidad, y me dio un jalón llevando con su mano libre el dedo índice a la boca y soplando en señal que me callara… - Sera el muy … - No pude terminar de formular la frase en mi mente, no me estaba comportando como debería, ¡Pero es que me irritaba tanto!... Baje la voz y tome asiento es aquella silla dura y fría, observando con ira sus fastidiosas muecas, esa ira que se encendía poco a poco como un fogón alimentado por leña y hojas secas…

- Pff… - Di un pequeño resoplido al escuchar su maravillosa acotación, si utilizo mucho el sarcasmo, ¿Acaso piensa que solo los Deimos la pasan mal? Tenía mis dudas si era un cabeza hueca… y no, no lo era, era un ¡Idiota!; él piensa y cree que solo los tipos como él la pasan mal por su origen, sin tener en cuenta cuanto puedes sufrir por ser marcado con una cruz invertida, con un sello que te hace indigno de pertenecer a algún lugar, ser solo basura…. – Hay muchos y explicártelos hará que estemos más relacionados, y no quieres eso… - Respondía tajantemente, como dije, no somos amigos ni otra cosa… - Y yo tampoco … - Susurraba, solo para mí.

- Ya cállate, fue tu culpa y ya – Agregaba a su frase de “Fuiste tú y bla bla…“con un tono más desganado, pelear también requiere energía y no estoy en condiciones de desperdiciarlas con “el señorito amabilidad”. El “simpático” sujeto decía muchas cosas, a las que no les preste atención, lo trataba de ignorar lo más que podía, jugaba con los dedos sobre la mesa, cruzaba las piernas una y otra, y otra vez, esperando que se callara – Sí, sí lo que tú digas – Comentaba en mi cabeza, aburrida, cerrando los ojos por el cansancio… sus palabras llegaron a mis oídos como una ráfaga violenta… »Estas en la maldita Tierra, ya no más volar…« - Mis ojos se abrieron de golpe ante sus desatinados comentarios, ¡¿Qué sabia él de mí?! … Cerré las manos formando puños apoyándolas en las rodillas debajo del negro vestido manchado y húmedo, apreté los dientes tan fuerte como me era posible, y aun así no pude dejar de recordar esas miradas de asco, esas palabras de repulsión, esas marcas… No respondí nada, no pude, estaba más concentrada en pelear con mis propios recuerdos.

Él seguía profesando y enunciando palabras, por otro lado yo me encontraba con la mirada baja, mis ojos eran cubiertos por mi cabellera plateada, mis manos no dejaban de sostener con fuerza la parte baja del vestido, remangándolo como si me sostuviera de él. »Si vas a comer empieza antes de que se enfrié« Decía él con esa voz molesta, tan molesta como su presencia… como su existencia. ¿Bendecir? ¿Es una estúpida broma acaso?  - Me preguntaba. Sin levantar la miraba, cogí los cubiertos y procedí a comer… bocado a bocado sentía como caían en mi vacío estómago, creando al principio una sensación de dolor.

Con una velocidad impresionante devore todo lo que en el plato se encontraba, no sabía cuánto lo deseaba hasta que no quedo nada más que engullir, él en cambio solo tomaba un café, tenía una extraña forma de ingerir las papas y la negra bebida, pero no era como si me importara mucho… Podía escuchar como un par de preguntas salían de esa garganta que en otra situación no hubiera vacilado en arrancar… - Tu… no… necesitas saberlo… – Correspondí con la voz entrecortada y la vista oculta, odiaba que me hiciera recordar cosas como mi vida allá arriba… Con un veloz movimiento me puse de pie – Gracias – Susurre con la cabeza baja y de tal forma que no sabría si me escucho o no, no me importaba solo deseaba alejarme, con paso acelerado me dirigí a la salida sin percatarme que aun sostenía en una mano esa chaqueta que al llegar me arrojo a la cara.

No sabría decir si era por la hora o que se yo, pero la plazuela iluminada carecía de menos vida que al principio, con menos gente caminando por las aceras – Mi oportunidad – Me dije muy escuetamente, y desplegué el par de alas negras, mi marca, mi maldición, no contaba con que una de ellas estaba lastimada. Deseo volar, pero solo estaba aquí, de rodillas, esperando... no se que.

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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Jue Nov 28, 2013 6:04 pm

"Tranquilo Xerrac, tranquilo muchacho..." exclamé hacia mi mismo mientras permanecía con una sonrisa cínica perdida en el horizonte y un pequeño tic bajo el ojo izquierdo. Se había rehusado a darme su nombre... ¡Incluso después de que había sido simpático con ella! Había tratado de ablandarme, había tratado de ser cortes pero ella simplemente se comportaba como una... ¡Perra! ¿Por qué había sentido compasión por alguien así? Porque sinceramente era un idiota y ya. La próxima vez que me la cruzara por la calle, tuviera frío y hambre me reiría en su cara y me daría media vuelta y correría lejos. Tal vez la culpa y la pena me carcomiera por dentro luego... ¡Pero por lo menos no sería la ira y bronca que sentía en aquellos momentos! La deje marchar, incluso aunque mi chaqueta estuviera entre sus manos...

Aquella bendita chaqueta, tantos problemas me había traído. Era la misma de cuando me conocí con Connor, la que dejé olvidada dentro del bar y la que tuve que volver a buscar con el rabo entre las patas. Y ahora tendría que volver a verla para recuperarla... O no. Era vieja y, a pesar de que era la única chaqueta que tenía lo suficientemente abrigada como para que la nieve no congelara mis huesos, era menos esfuerzo y tortura comprar una nueva antes que recuperarla... "Vamos Xerrac, escúchate, estas hablando como un cobarde..." me repetí nuevamente a mi mismo mientra me daba pequeños golpes en la frente. Suspirando, me paré y pagué la cuenta, marchándome de allí con mis múltiples bolsas y congelándome en mi camino hacia casa.

Por suerte, sus pisadas iban por el mismo trayecto que mis pisadas, por lo que indicaba que en algún momento debería de cruzármela. Eso o iba también a la casa de Kardia y era verdaderamente perturbador. sin embargo no tardé mucho en distinguir algo que capto mi atención en el camino. Parecían un tumulto de cuervos, plumas negras formando una gran figura, pero no podían ser cuervos, estos graznan y no se quedan ni un segundo en paz. Suspiré y me acerqué, ya seguro de que era ella.

Me quedé allí, mirándola con cierto recelo, temblando de frío. Quería mi campera y quería llegar a casa y quería dormir y quería alejarme de allí. Tal vez leyera un libro, tal vez apretaría los dientes hasta que la frustración saliera de una forma u otra. Pero en ninguno de mis planes figuraba ella y su actitud podrida. Dolía ver su ala lastimada, porque eso eran: alas negras como la noche y como el carbón...

- Aquí hace frío. Si vienes conmigo tendrás un fuego y un techo para refugiarte de la nieve. Mañana ya podremos volver a nuestras vidas normales de desconocidos... - dije con voz monótona, como si me fuera completamente indiferente todo. Había llegado de una manera tan sigilosa que incluso las pisadas sobre la nieve se confundían con el sonido lejano del bullicio de la ciudad. Clavé mi vista en el anticuario a pocos metros de allí, viendo la luz de la habitación de Kardia titilar con debilidad. Tal vez ella seguía despierta y me ayudaría a cuidar que aquella muchachita no muriera de frío. Suspiré, pensando que al fin y al cabo era un blando.

Comencé a caminar mientras temblaba hacia allí, sin siquiera comprobar si me seguía o no. En algún momento debería de hacerlo si no quería morir congelada. Si si eso lo quería, entonces ya no era mi problema. Había ofrecido mi ayuda, si ella era tan cabeza hueca y altanera como para no aceptarla, sería su problema...

Off rol:
Elige tu propia aventura! (?)
Si quieres continuar el tema en la casa de kardia con kardia incluída, ve a la página 107
Si quieres terminar el tema en estos momentos, ve a la página 27
Si quieres continuar el tema sin kardia, ve a la página 90
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Sáb Nov 30, 2013 10:54 pm

La nieve, fría y suave, se precipitaba desde el cielo, miles de copos caían tiñendo las calles del blanco más puro, como las alas de los ángeles, como una vida perfecta, como una existencia pura…

- ¿Qué estás haciendo? Levántate de una vez, me das vergüenza – Me repetía una y otra vez, dándome ánimos, un ala rota no me detendría… he pasado por peores cosas. Pero era tan silencioso y placentero sentir la nieve, aunque me congelaba los dedos no podía dejar se sentir la pureza de esta. Me puse de pie tanto como el dolor me lo permitía, estiré y contraje las negras alas sintiendo como una de ellas me quemaba y punzaba al mismo tiempo, pero no importaba, o no quería darle importancia daba lo mismo.

Con gran esfuerzo pude alzar el vuelo, lo sentía, sentía el viento en mi rostro, sentía la nieve jugando alrededor de mi cuerpo, sentía como estaba tan cerca y a la vez tan lejos de mi hogar… »Canta para mí« recordaba las frases de mi maestro…

Mis sueños vuelan y una luz los guía más allá del cielo y las nubes…
Tu voz puedo yo escuchar…    
Recuerdos malos y otros no tanto, la fría noche los aleja…
Aún sigo en el mismo lugar viendo el tiempo pasar…
En mis sueños está el corazón que brotó, mirándome desde un ventanal…
Sentimientos tristes aléjense, quita ya esos ojos tristes…

Mi caída fue estrepitosa, mis alas no soportaron más el peso, y fui desvaneciéndome poco a poco hasta caer en la suave cama blanca haciendo contraste con las plumas negras derramadas… - No pude… maestro… lo siento… padre – Susurraba, cerrando los ojos para entrar en un profundo sueño…

Escuche a lo lejos pisadas que crujían en la nieve, cada vez más cerca, si era algún cazador de seguro estaría más que satisfecho, no abundan los ángeles de alas negras… Era ese cabeza hueca de las latas… ¿Qué hacía aquí? ¿Acaso no me odia? Reconocí su voz, ofreciéndome un lugar o así lo entendí – Detestas estar cerca de mi ¿Por qué quieres ayudarme? – Preguntaba incorporándome y viendo al sujeto de espaldas cargando con las bolsas llenas de latas. Él avanzaba con un paso regular, era como si quisiera averiguar si lo seguía o no, necesitaba dormir y también asearme… ¿Será lo mejor ir con él? Trate de mantener su paso, caminar con las alas desplegadas era agotador. Divisé un edificio en ruinas y apoyándome en una de las paredes me quede inmóvil… esperando… nuevamente no sabía “que”.

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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Dom Dic 01, 2013 5:16 pm

- Detestar es una palabra demasiado agresiva… - añadí entre dientes, casi en un imperceptible murmullo, mientras aferraba aun más aquellas bolsas contra mi pecho. Yo no era de aquellas personas que les gustara llevarse mal con la gente. Yo tenía ciertos recelos hacia las personas y sus actitudes me irritaban porque se comportaba de manera tan soberbia e infantil que me molestaba que no midiera las consecuencias de sus palabras y actos.

- Mira, no sé qué clase de concepto te formaste de mí, pero no soy un mal tipo. Te bañas, duermes, comes y a la mañana te marchas. No me agrada la idea de que te quedes fuera con la nevada y punto. – aclaré mientras me giraba con un suspiro, apretando el puente de mi nariz con fuerza, bastante frustrado. Las cosas habían salido un poco mal en nuestro primer intento y ella tenía una personalidad que iba directo a las confrontaciones. Si no me hubiese gritado en un comienzo, estaba prácticamente seguro que toda esta conversación sería una completamente distinta.

Observé como la tienda de antigüedades parecía más y más cercana. Y aún a pesar de que mis pies se hundían en la nieve y mi cuerpo entero era calado hasta los huesos por el viento y la nieve, logré llegar hasta el umbral sin perder ninguna lata en el camino. Tuve que apoyar aquella bolsa en el suelo y rebuscar en mis bolsillos hasta que finalmente di con las benditas llaves. Afortunadamente no tendría que trepar hasta las ventanas con tanta ventisca sólo para abrir la puerta de entrada. Me quité las botas y entré en la cálida tienda, guiándome hasta la chimenea por las pequeñas sombras que emitía sobre todos aquellos objetos antiguos.

- Si quieres pasar, este es tu momento. No toques nada y espera aquí, te traeré una toalla… - señalé viendo el umbral lleno de nieve, sonriendo levemente y tirando otro leño al hogar. Trepé por la pared rápidamente hasta llegar al segundo piso y tomé una esponjosa toalla de uno de los estantes de allí, caminando por el techo hasta llegar cerca de la entrada y dejándome caer hasta aterrizar suavemente a su lado, depositando la toalla en una mesilla cerca de la puerta. Era mi casa, por fin podía ser yo mismo de una vez por toda.

Cerré la puerta con llave y tomé la bolsa, llevándola hasta la cocina para guardar las cosas de una vez por todas. – ¡Kardia, Connor! ¿Están en casa? – exclamé esperando su respuesta, volviendo rápidamente hacia la entrada. Tal vez no estaban y habían decidido pasar la noche en la enorme casa o castillo de Connor. Tal vez Connor estaba emborrachándose en un bar y Kardia con trabajo aquella noche. Tal vez la luz en su cuarto, había sido la única bienvenida que habían podido dejarme para aquella tienda vacía.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Miér Dic 04, 2013 8:24 am

Después de todo había accedido seguir a aquel sujeto, ¿Qué otra opción tenía? Necesitaba curar el ala rota y todos lo demás. La nieve caía con más intensidad, aunque era un ser angelical en este planeta mi cuerpo era vulnerable a este tipo de sensaciones, era sumamente molesto…

- Es lo que pareces sentir… - Le contestaba, era cierto que estando juntos parecíamos como agua y aceite, había un sentimiento que nos ponía en extremos diferentes como imanes, tal vez sería por nuestra ascendencia o solo no nos soportábamos mutuamente.

- No puedo decir si eres o no un mal tipo, solo eres diferente – Acotaba a su frase con la vista puesta en el suelo, perdida entre el polvo y las sombras – justo como yo… - terminaba la oración en susurros, a estas alturas el ya sabría que no soy el prototipo de ángel que todos creen, un ángel con alas negras, me sorprendía que no hubiese hecho preguntas al respecto. Él dijo que podía quedarme, pero ¿Cuántas personas más vivían en ese lugar? ¿Y si trataban de lastimarme? A los demonios no les gusta nada santo, como es de esperarse y en este estado no podría luchar con todo… - Pero que digo si yo no soy pura… - Pensaba dibujando una sonrisa de resignación.

Como era de suponer entre a ese anticuario, habían objetos de gran belleza, mi Maestro me había enseñado a apreciar el arte y todo lo que tenía relación a él, me encantaba escucharlo tocar el violín, pero este lugar tenía algo diferente un aura de calidez… un extraño sentimiento me quemaba el pecho, una familia… tal vez. Mi anfitrión desapareció, no pude ver a donde fue, estaba demasiado embelesada con los objetos. De un momento a otro sentí como algo pesado pero ágil se depositaba a mi lado, era él ¿Cuándo había saltado? Y ¿De dónde? Cerca de una mesa pequeña y con bordes realzados dejó caer una toalla, la tomé con la mano libre puesto que aun sostenía la chaqueta, y la puse al rededor del cuello, era suave y caliente.

Lo vi caminar adentrándose en una habitación con las bolsas que siempre llevaba cargadas, esas bolsas que habían sido testigos desde el principio… ¿Qué hago aun aquí? Suspiré para alejar todo rastro de duda, ya estaba aquí así que tenía que llegar hasta el final.

- Hey, ¿Hay un lugar donde pueda tomar un baño y poner a lavar mi ropa? – Pregunté con moderación, si bien era cierto el había ofrecido su casa no quería que pensara que me estaba aprovechando de su gesto, no necesito esa clase de cosas. – Por cierto ¿Tienes algún baúl de gran tamaño? - Como este era un lugar en el que vendían cosas de antigüedad esperaba que hubiese alguno.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Miér Dic 04, 2013 8:46 pm

¿Podría dejar de darle vueltas al tema de mi supuesta antipatía hacia ella? Tal vez por eso me volvía irritable cuando hablaba con ella. ¡Siempre le daba mil y vueltas al mismo tema! Ya había aclarado que no me caía mal, que era una cuestión de choque de intereses, y ella seguí insistiendo y metiendo púa en ello… ¡De la misma forma lo había hecho con lo de la culpa del choque! Decidí ignorar aquellos comentarios y ya, no le iba a dar más cuerda para que siga enroscando en el mismo asunto una y otra vez. Si quería pelear, debería de buscar a alguien más y ya. Yo ya estaba harto de eso, de las discusiones.

- Sí, cada persona es un mundo… - añadí con aire distraído ante su comentario, quería apurarme y llegar a la calidez de lo que yo podía llamar hogar. O por lo menos lo más parecido a uno que jamás podría llegar a tener.

- Uhmm… ¿Si…? – añadí elevando una ceja. ¿Enserio estaba preguntando si teníamos un baño? ¡Pues claro que teníamos un baño! Sonaba bastante triste no tener uno de todas formas. Suspiré y señalé la escalera, después de todo, lo indispensable para la vida se encontraba en la planta superior.  

La miré seriamente por unos segundos… ¿Para qué diablos necesitaría un baúl de gran tamaño? Abrí la boca para decir algo pero la cerré y negué suavemente con la cabeza. No, ni siquiera quería saberlo. – Veré que puedo conseguir que no esté en uso, ¿pero para qué…? – comencé a decir, dejándome un momento perder en la tentación y la curiosidad que planteaba esa pregunta antes de suspirar profundamente y negar por segunda vez. – Olvídalo, sólo que… - traté de explicarme sin mucho éxito antes de soltar un bufido de resignación y despeinarme suavemente. - ¿Cómo cuanto de grande? – dije finalmente. Si no me equivocaba yo mismo tenía uno donde guardaba algunas cosas viejas… Y por algunas cosas viejas me refería a todas mis posesiones que había logrado rescatar del orfanato.

- ¿Todavía quieres usar el baño…? Sube por esa escalera caracol de madera hasta la galería del primer piso y espera ahí, ya te alcanzo después y te daré algo seco que ponerte… - añadí cortando el tema. Después le daría aquel dichoso baúl si es que le servía de algo, claro, sino debería de llamar a Kardia para que me orientara sobre cuál era el lugar donde estaban los baúles desocupados. Suspiré y volví a trepar rápidamente por la pared, de esa manera tardaba tres veces menos que subiendo peldaño por peldaño. Prendí las luces de la salita y del baño, abriendo las canillas y dejando que la tina fuera llenándose poco a poco. Fui hasta mi habitación y tomé una camiseta limpia y unos pantalones holgados, chocándome con aquel dichoso baúl en el proceso.

- Ten… No voy a tomar nada de su ropa así que tendrás que arreglártelas con esto. – dije mientras le tendía lo que había tomado para ella. Después de todo, yo no era de aquellas personas que le gustara invadir las habitaciones ajenas y mucho menos rebuscar entre la ropa de otros. Puede que ella fuese menudita pero yo tampoco destacaba por mi gran cantidad de masa corporal: se podría decir que era más bien escuálido y no la sobrepasaba de altura por mucho, tal vez media cabeza. – Emh, baño – le indiqué señalándole el único cuarto con la luz prendida, la puerta abierta y el ruido de agua que fluía en su interior. Era bastante obvio, pero bueno. – Y luego veremos el tema del baúl … - añadí con cierto recelo, todavía preguntándome para que querría un baúl…
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Vie Dic 06, 2013 2:34 am

Para ser un deimos, muy aparte de su cinismo, se estaba comportando conmigo de forma muy amable. Había escuchado de los casos extraordinarios como este, la sangre demoniaca en sus cuerpos es reprimida por el sujeto, lo que hace que este no sea por completo una bestia salvaje, al final de cuentas éramos existencias opuestas, aunque no tanto… ambos éramos impuros.

Escuchaba atenta su pregunta, podía observar la curiosidad en sus ojos, después de todo es de los sujetos que quieren saber el “por qué “de las cosas – Soñar – Respondí tajantemente, sabía que esa respuesta llevaría a más preguntas por lo que solo exhalé con pesar. Desde mi “accidente” me acostumbré a dormir en un baúl acolchado por dentro que más que eso parecía una maleta gigante, era algo extraño tal vez, pero para mí era necesario. – Tan grande como para que quepa en el tu cuerpo – Explicaba con voz neutral, sintiendo el frio recorrerme el cuerpo por llevar la ropa húmeda. Ante mi comentario tal vez pensaría que intentaría hacer algo en contra suya, eso me provocó mucha gracia.  

- Por supuesto – Manifestaba asintiendo. Se suponía que para eso lo seguí hasta este lugar, vaya que era un cabeza hueca. Seguí sus indicaciones, subiendo por aquella escalera que llevaba a la planta superior mientras el trepaba por las paredes – Jah… es un bicho raro – Pensaba con algo de ironía, no era la más indicada para eso. Llegué a un largo corredor en el que había muchas puertas ¿Cuál de ellas sería el baño? Si ingreso a algún lugar al que no debería él se pondría gritar y me causaría migraña – Tsk… maldición – Refunfuñaba por lo bajo. El despistado no tardó en aparecer con algunas prendas que las extendía hacia mí dando una de sus ya conocidas justificaciones.

- ¿Esta ropa es tuya? – Pregunté con cierto recelo, no me molestaba que fuera ropa de chico, me molestaba que fuese de él, o de cualquier otro, simplemente no me pertenencia, pero aun así accedí a llevarlas puestas, después de todo pelear también requiere energía y tiempo. Ingresé a la pequeña habitación de baño, con colores alegres en tonos pastel, una decoración bastante bien elaborada, esta casa no era de este muchacho, bastaba verlo y comparar. Me sumergí en la bañera, dejándome caer en el agua caliente, era una sensación de calidez… Sin darme cuenta perdía la consciencia en aquel caliente lugar, no moriría por sumergirme en un poco de agua, pero el sueño era algo que me inducía a recordar… recordar cosas que quería dejar en el vacío de mi memoria.

- Seel… seel… ¿Dónde estás? Regresa… - Suplicaba buscando a esa pequeña, sin ella estaba prácticamente partida en dos… Un fuerte y punzante dolor se clavó en mi pecho lo que me hizo reaccionar y salir de inmediato de aquella bañera, el par de negras alas se desplegaron otra vez y pude ver, depositada en el suelo,  una tenue luz volaba en círculos y como la puerta se abría poco a poco.

- ¡No te atrevas a mirarme! - Le gritaba a cualquiera que fuese la persona que estaba de pie en frente de mi, ocultando parte de su ser en las sombras. Estaba develado, el secreto de un cuerpo impuro y marcado por el pecado.

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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Sáb Dic 07, 2013 11:52 am

Hice una mueca de desagrado al escucharla y sonreí de esa manera, mostrando cierto sarcasmo. ¡Nadie podría tomarse un comentario así a bien! Suspiré y me resigne. Por mucho que me costaba admitir que lo que estaba pensando yo eran tan sólo producto de nuestro mal primer encuentro, mi humor no iba a mejorar tan rápido. ¿Y ella se creía que le daría así como así un baúl lo suficientemente grande como para que pudiera encerrarme dentro? Ni yo era tan estúpido. – Lo siento, nos quedamos sin ataúdes en stock, tal vez si vuelves mañana por la tarde ya llegué el nuevo pedido que importamos… - añadí fingiendo sacar una libreta y anotando algo allí, contestándole con cierto sarcasmo, como si en verdad estuviera atendiendo un cliente. Sin embargo había dicho “Soñar” y eso se podría explicar cómo que planeaba usarlo de cama. Alcé una ceja. – Tengo uno pero es de tamaño mediano… Si quieres que entre yo deberías de desmembrarme primero, pero creo que tú con las rodillas al pecho entrarías bien… - comenté mirándola de arriba abajo, tratando imaginarme como en un tablero de Tetris encajarían las piezas. Sí, ella entraría allí. Le indiqué con un gesto que esperara, yendo rápidamente hacia la habitación que utilizaba como cuarto y tomando el baúl. Lo cargué al hombro y caminé hacia el comedor. Era de un tamaño considerable pero después de todo estaba casi vacío. No tenía muchas cosas. Lo deposité en un ruido sordo en el piso y abrí la tapa del mismo, dejando todo su contenido en una de los mostradores del lugar. Algunas fotos viejas, algunos cambios de ropa, algunos libros escritos en lenguaje demoníaco el cual había descubierto ser capaz de leer de manera espontanea. Suspiré, dejándolo vacío. Era un tanto más grande de lo que recordaba. - ¿Te sirve? – Pregunté poniéndome una mano en la cintura e intercalando miradas entre ella y el baúl. Si planeaba meterse dentro, entraba. Tomé mis cosas entre los brazos y las volví a llevar a mi cuarto, preguntándome el porqué no lo había vaciado allí y ya. O sencillamente el porqué no había esperado a que subiéramos para llevárselo. ¡Ahora tenía que cargar con todo subiendo las escaleras con cuidado para que nada cayera! Sonreí, pensando que a veces me rebuscaba demasiado las cosas.

- No tomaría ropa de otra persona para prestar… - añadí cruzándome de brazos. Si ella quería lavar su ropa no iba a andar desnuda por el anticuario. Después de todo, eras personas civilizadas y debíamos comportarnos como humanos y no como animales. Suspiré y me llevé una mano a la cara, frotándome los ojos. – Creo que Kardia tiene una sacadora, cuando salgas del baño podemos encargarnos de la ropa y eso. – dije con un suspiro de resignación y una leve sonrisa que trataba de ser amistosa. Ahora por lo menos ella estaba siendo bastante más agradable que antes. La dejé entrar al baño tranquilamente, y me volví a mi cuarto, silbando una canción que había escuchado hace poco cuando Kardia la tocó en el piano.

Abrí uno de los muebles antiguos y analicé con la mirada cada uno de los estantes hasta dar con lo que buscaba: Frazadas. Las noches allí eran frías y a pesar de que las leños estaban echados en esas grandes chimeneas con aspecto antiguo pero delicadamente cuidadas, no era suficiente para mantener el calor por la noche. ¿Preparaba un futón en el suelo para mí y le dejaba mi camastro? Yo prácticamente prefería más dormir sobre aquella estantería acurrucado en una de aquellas frazadas de piel, supongo que ahora debía comportarme civilizadamente y ya. Gruñí ante eso, riéndome a intervalos mientras sacaba aquellas frazadas y las depositaba en mi cama. Cuando me giré para volver a cerrar el mueble como estaba, algo reflejado en uno de los espejos interiores del mueble llamó mi atención…

Me acerqué cuidadosamente, parecía blanco como la nieve, pero era en realidad como el mismo humo del incienso flotando. Deposité mis manos sobre las puertas, con la clara intención de cerrarlas y ya. Estábamos en un jodido anticuario, los espíritus de los objetos antiguos y los poltergeist eran tan comunes como lo serían las hormigas en otros lugares. A veces ellos tenían la intención de hablar, de contar historias entre susurros. Era divertido escucharlos, excepto cuando comenzaban a decir cosas perturbadoras o trataban de influenciarte para recorrer el mundo en busca de pertenencias perdidas ya hace millones de años.

Cerré las puertas rápidamente, buscando algo con que atrancarlas. No estaba de humor de tratar con ningún tipo de alma en pena ese día. ¡Yo ya tenía demasiados problemas para ocuparme de los de ellos también! Sin embargo, aquellas cosa parecía atravesar las paredes del mueble como si del mismo aire se tratara, dirigiéndose a mi cara. Me eché hacia atrás estornudando, en verdad parecía hecha de humo y polvo.

Y ahí me encontraba yo, siguiendo aquella cosa de manera fastidiada, con un frasco de mermelada vacío en una mano, tomado de la mesita de luz para casos como aquellos. Bueno, técnicamente era para cuando un insecto relativamente grande entraba, pero para mí era exactamente lo mismo. Suspiré, sintiéndome un idiota. La cosa entro al cuarto de baño justo cuando estaba por atraparla. Di unos golpes apresurados en la puerta, tratando de hacerla reaccionar. – Uhm… ¿Estás bien? Entro algo raro allí… - comencé a decir mientras seguía golpeando la puerta de manera apresurada. Sin embargo, a pesar de todo no obtuve respuesta. Preocupado, retomé con eso. – OYE SI NO DICES ALGO ME PREOCUPAS… - añadí alzando la voz para que lograra escucharme… ¡Nada!

Tomé una bocanada de aire y entré con la vista clavada en el piso, justo en el momento en que la pequeña cosa de energía comenzaba a dar vueltas sobre el suelo. Ella pareció gritar sobresaltada, agitando grandes alas negras. Yo seguía con mi vista clavada en el suelo, esperando a que dejara de chillar para hablar.

- ¡No estoy mirando nada! ¡La próxima vez contesta cuando se te habla! ¡Creí que te habías ahogado o algo! – la regañé avergonzado, sin levantar mi vista del piso en ningún momento, apretando los puños con fuerza. ¡Estaba preocupado por ella, no era un pervertido! Bufé, girando mi cabeza hacia un costado y clavando mi vista en la pared, sintiendo el viento y una sombra negra moviéndose de manera descontrolada. - ¡Y deja de agitar las alas! ¡DIOS! – me quejé exasperado, sintiendo como la garganta me escocía al pronunciar lo último y cerrando los ojos molesto, sintiendo humo en la boca y desviando neuvamente la vista hacia el suelo. Odiaba aquello, ¡Lo odiaba completamente! Tosí un poco, conteniéndome para no pisar aquella cosa que todavía daba vueltas en el piso. Puse el frasco de mermelada sobre la misma y lo cerré con tapa, depositándolo en el lavabo por unos segundos. – Por todos los… Llenaste todos de plumas… - añadí ya un tanto cansado tomando una de aquellas plumas negras entre las manos y haciéndola girar entre mis dedos…. ¿Negra? ¿No debería de ser blanca?

- Perdón por la intromisión, cuando termines y salgas avísame para que limpie este desastre… - dije mientras tomaba el frasco de mermelada con aquella cosa capturaba y me giraba hacia la puerta. – Y por cierto, déjame vendarte el ala lastimada. – dije de espaldas a ella. ¡Bueno, prácticamente las había agitado en mi cara! Tenía que haberlas visto, sabía que una estaba lastimada, no se diferenciaban mucho a las alas de paloma o de cuervos. Todavía no entendía el porqué eran negras, pero después de todo, dudaba siquiera querer saberlos.

Cerré la puerta detrás de mí, llevándome aquel frasco hasta la cocina. Ya vería que hacer con esa cosa, era extraño que nos espiritus apegados a objetos se alejaran muchos de ellos, tal vez lo dejaría dentro del mueble del que había salido hasta que se aburriera de estar allí y pasara a la siguiente vida. Preparé dos tazas de cocoa, aún frustrado por aquel día. ¡Todo había sido tan cansador que solo quería dormir! Debería de pedirle perdón luego, y esperaba que ella entendiera mis motivos. ¡Lo que menos quería era que alguien muriera en el anticuario! Ya teníamos bastante con los pequeños espíritus invadiéndolo todo.

Subí las tazas hasta la salita y las deposité en una mesa, dirigiéndome a mi cuarto para tomar un cambio de ropa para mí y entrando al cuarto de Connor para utilizar su baño. Por lo menos me di una ducha rápida, tan sólo 5 minutos antes de salir y a cambiarme con ropas mas cómodas. Se podría decir que incluso sin toda la ropa abrigada era más escuálido de lo que parecía. Salí con la toalla en los hombros, el frasco en la mano y el pelo aún goteando. Por lo que parecía, ella seguía en el baño.

Arrojé otro leño al hogar antes de sentarme en uno de los sillones, dejando en el lugar de la taza el frasco y calentándome las manos con la calidez del cocoa caliente. Esperaba a que ella saliera del baño mientras observaba aquella voluta de humo chocar contra las paredes del frasco. No luchaba por salir, sino ya lo hubiese hecho, tan sólo se limitaba a seguir flotando allí y ya.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Dom Dic 08, 2013 12:53 am

Cada ser vivo, sin importar si es ángel, demonio o humano, tiene un pequeño mar en su interior, el mar del subconsciente. En él se aloja una pequeña fracción del alma, un espacio en el que a través del sueño todos estamos conectados pero a la vez no, la forma del “yo” personal hace que no se mezclen entre sí. He estado en ese lugar muchas veces, justo como ahora, totalmente vulnerable.

- ¿Dónde estás Maestro? ¿Me escuchas Seel? ¿Por qué ninguno responde? ¿Acaso me he quedado sola? – Pensaba flotando sobre el espumoso mar, yendo en contra de las olas, cuando más se avanza la espuma crece más, en esta se encuentran los recuerdos. Cada pensamiento te golpea directamente en las emociones y si te dejas enredar por las zarzas que crecen debajo del mar, nunca despertaras.

Había despertado de manera violenta, saltando de la bañera y desplegando las alas húmedas, una de ellas aun dolía como si le fuese clavado un afilado puñal, pero ese dolor no fue el que me despertó. Un hincón en el pecho me sacó del mundo de los sueños. Arrodillada en el suelo blanco con la respiración agitada pude observar una pequeña esfera de luz que volaba en círculos, no podía creer que fuese ella, los golpes en la puerta se hacían más intensos… Mi sorpresa fue mayor al observar que la puerta se abría poco a poco, como era de esperarse grite para que la imprudente persona no ingresara, pero un sentimiento extraño afloro en mi al ver al sujeto  - Padre ¿Eres tú? – Inquiría con voz vacilante tapando mi cuerpo desnudo con las alas que no dejaban de soltar plumas. Escuchaba como de sus labios salían palabras con un tono de voz elevado lo que hizo que saliera del trance, ahora podía ver con claridad… era aquel muchacho de antes ¿Por qué lo confundí con mi Padre?

- Yo… yo… no… - Repetía sin sentido alguno, fue un auto reflejo el agitar las alas, era demasiado evidente que las plumas tenían la intención de cubrir mi cuerpo, no lo dejaría verme de esa manera. Por unos minutos había olvidado a la pequeña luz, miraba a todos lados pero no la veía, no podía buscarla con libertad ya que él continuaba de pie junto a la puerta. Con el pasar de lo minutos debió notar mi incomodidad y se retiró diciendo algo sobre mi herida, no respondí nada - No dejaré que me toques – Mascullaba con él ya fuera de la habitación.

¿Habría visto mis marcas?  No podía asegurarlo, trataba de pensar en que no era así, porque si se diera el caso de seguro él haría preguntas al respecto, y no quería recordar. Con un gran esfuerzo logré reducir el tamaño de las voluminosas sombras negras para luego rodearme el cuerpo con la toalla que momentos antes me habían dado. Con los pies descalzos caminé por el corredor alfombrado. A un extremo se encontraba la escalera de caracol por el que se llegaba a la entrada y la tienda y al otro una pequeña sala con una chimenea, de llamas poco vivaces.

Con pisadas lentas llegué hasta uno de los sillones y me senté en el suelo al lado de este. Era un rincón oscuro y en las paredes se formaban sombras deformadas de los objetos producidas por la luminosidad que proyectaba el fuego.  Percibía el ruido de pisadas cercanas, el ir y venir de ellas, aunque no le tome interés, suponía que era mi anfitrión haciendo sabe Dios qué. El muchacho llegó con una bandeja la cual contenía dos tazas con un líquido humeante, lo miré pero él no se percató de mi presencia. Me mantuve inmóvil en aquel lugar hasta que él regresó tomando asiento y cogiendo una de las tazas, aun no se había dado cuenta de que yo estaba justo a su lado, pero en el suelo.

- ¿Qué viste? Pregunté intentado acelerar el tiempo en el que él me haría preguntas al respecto de lo sucedido, no tenía idea de que le respondería, pero no me acobardaría y enfrentaría una vez más las agonías de mi propia mente.

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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Dom Dic 08, 2013 3:58 pm

Después del baño, al contrario de lo que me esperaba, no me sentía para nada relajado. No iba a negar que el vapor caliente disipo mis preocupaciones en el tiempo que el baño duro… 5 minutos aproximadamente. Desde que había salido del baño y había arrastrado mis pies hasta la salita no había dejado de suspirar, masajearme las sienes y volver a suspiras. Ya estaba excediendo mis conflictos por una noche. ¿Qué no podían mis días comenzar a ser más normales? Parecía que la respuesta era no. Volví a tomar la taza de cocoa entre mis manos y soplé con ánimos para poder sentir el vapor caliente de la misma chocar contra mi rostro.

-¡Pero qué…! – exclamé sobresaltándome al escuchar su voz. ¡¿Cuánto tiempo llevaba allí?! Debido a mi sobresalto, había terminado por derrabar parte de la cocoa en mi mano. ¡Diablos estaba caliente! Deposité la tasa sobre la mesa mientras me lamía la quemadura, sintiendo al piel enrojecerse debajo de la misma. Cuando logré tranquilizar mi respiración luego del sobresalto inicial la miré fijo, clavando mi mirada en ella. - ¿Qué habías dicho? – dije tranquilamente, inclinándome hacia adelante para apoyar mis codos sobre mis rodillas y girar mi cabeza lo suficiente como para clavar mi mirada en ella. - ¿Eh? ¿Qué haces allí? Dios, ponte algo de ropa y siéntate como una persona normal. – dije luego de dedicarle una mirada y verla envuelta en una toalla. Tenía el presentimiento que ella era como una niña pequeña a la cual siempre se la tendría que estar vigilando para que no se metiera en inconvenientes. Sonreí de costado y suspiré, arqueando mi espalda hacia atrás y dejando colgar mi cabeza por sobre el respaldo del sofá.

-Ven, ten un poco de cocoa… - añadí mientras me corría de mi lugar para dejarle un espacio en el cual sentarse y le tendía la tasa intacta que reposaba sobre la mesilla de café. Si no la aceptaba simplemente la volvería de dejar de donde la tome y ya. Después de todo puede que ella no lo comprendiera en ese momento, pero la cocoa caliente en aquellas frías noches de Rumania era prácticamente un lujo y un placer para muchas de las personas locales.

-Antes que nada… ¡Lo siento por interrumpir tu baño! – exclamé de repente, inclinándome hacia adelante en una reverencia, un tanto nervioso y preocupado. – Es que, no contestabas y había entrado esa cosa en el baño y comenzaste a gritar… - comencé a disculparme al volver a incorporarme mientras la miraba a los ojos y gesticulaba con mis manos. Presentía que iba a envejecer de golpe de todo el stress del momento. Puse una mano contra mi y señalé el tarro de mermelada que estaba todavía sobre la mesa de café. No podía entender a aquella pequeña voluta de humo que seguía allí dentro como si nada… - ¡Todo fue muy confuso! – añadí con un tanto de pena y frunciendo el ceño.

-Y con respecto a con que vi… - dije mientras me cruzaba de brazos y al veía serio. ¡Iba a aclarar ese punto de una vez por todas! – No soy un pervertido que espía personas, claramente desvié mi mirada y si vi algo fueros tus alas negras porque decidiste agitarlas frente a mi rostro y llenar todo el cuarto de plumas negras… - comencé a decir refunfuñando, sintiéndome acusado por cosas que yo nunca haría. ¡Ni tenía ningún tipo de interés romántico o carnal en nada ni en nadie! Reparé en el desorden que debería de haber en el baño y suspiré cansado, tomando mi tasa de cocoa para darle un trago antes de levantarme… - Bueno, eso y las grietas de tu espalda… Me preocuparon, parecían bastante dolorosas… - añadí con una mueca y un sonrojo en mi rostro, desviando la mirada. ¡No quería verlas! ¡Había sido un accidente!  

- Quédate aquí, iré a limpiar, cuando vuelva podemos vendar tu ala rota… - dije con un tono un tanto monótono, pensando que esto se estaba volviendo un tanto mecánico.  – Y cámbiate… - aconsejé mientras caminaba de espaldas desde conde estaba ella, dirigiéndome al baño para encargarme de las plumas.

Tarde mucho menos de lo esperado para limpiar aquello, después de todo eran tan solo plumas y al ser negras se distinguían con facilidad. Después, todo lo demás estaba bastante ordenado, y sólo quedaban un par de salpicaduras. No tarde mucho en volver junto a su lado, tal vez unos 10 minutos o menos.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Miér Dic 11, 2013 3:14 am

Era difícil creer todo, inclusive para mí misma, todo lo que hasta ahora había ocurrido. Jamás se me habría ocurrido que el mundo humano fuese tan intenso, lleno de emociones y sensaciones, pero estas no eran nada comparadas a lo que ya había vivido en el Cielo, ¿Una vez más el dolor tomaría posesión de un cuerpo imperfecto?

La reacción del deimos fue de sorpresa, era evidente, aunque no le tomé importancia al hecho de verlo quemarse la mano con el líquido que contenía su taza, era de verdad tonto. Suspire llena de resignación entrecerrando los ojos para luego fijar la mirada en las llamas de la fogata que danzaban de un lado a otro – Pregunté qué fue lo que viste ahí adentro – Le decía acurrucándome más contra aquel mueble, tenía una sensación extraña ya que no era un tema común hablar de mí, tampoco había con “quien”.

- ¿Qué más da? No creas que me gusta estar así – Me levanté y me puse en frente del muchacho, mostrándole que no estaba totalmente desnuda como tal vez el creía. En realidad solo llevaba la prenda inferior de las que me había ofrecido, eran unos pantalones cortos. Cubriéndome rápidamente con la toalla volví a sentarme en el oscuro rincón de antes.

Miraba con desconfianza el acto de ofrecerme asiento a su lado junto a una taza de ese líquido caliente que tenía buen aroma. Levantándome nuevamente tomé asiento en el espacio que él había hecho en el mueble, llevando las rodillas a la altura del pecho rodeándolas con los brazos por debajo de la toalla – No malinterpretes esto… - Aun observaba el vapor que se desprendía de la taza, quizás bebería un poco.


Escuchaba sus disculpas, las palabras salían una tras otra haciendo que las dijera tan rápido como si de un trabalenguas se tratara. - ¿Ves como si puedes disculparte? – Pensaba con un toque de gracia, al final era su culpa el habernos topado de esa manera, dijera lo que él dijera. En realidad no me importaban mucho sus disculpas, solo quería que admitiera su error, aunque este caso era totalmente diferente…- ¿Una cosa? – Repetí al oír su historia. Era cierto había olvidado por completo a esa pequeña, pensaba que solo había sido un producto de mi imaginación, pero este sujeto me confirmaba haberla visto, mi seel -¿Dónde está? – Inquiría con susurros obteniendo de inmediato la respuesta al verlo señalar un frasco de cristal depositado en otra mesa. Era ella, estaba aquí, sentía que mis esperanzas regresaban y afloraban de lo profundo de mi adolorido pecho.

Mis pensamientos fueron interrumpidos al oír que hablaba sobre lo ocurrido en la habitación de baño. Mis ojos se abrieron como platos, él había visto las grietas en mi espalda, las plumas me tenía sin cuidado, pero lo otro, eso que tanto quise esconder… ¿Por qué él? No pude acotar nada, no sabría cómo explicarle y tampoco deseaba hacerlo, pero era necesario o así lo creía, ¿Se burlaría de mí al saber la verdad? Si ese fuera el caso no tendría compasión de él y cortaría cada parte de su cuerpo con…

Excusándose se retiró de inmediato a terminar de limpiar el desastre de la pequeña habitación de colores pastel ¿Qué debería hacer? Ya estaba entre la espada y la pared, no huiría y si era necesario pelearía, pero dudaba de que aquel individuo tuviese ese tipo de intenciones. Mi mente estaba confundida, dividida en dos partes, un caso patético. Nunca había tenido dudas sobre mi manera de actuar, pero ahora era diferente. No tardó mucho en regresar, teniendo en cuenta que podía trepar las paredes suponía que también podría ser ágil y eso lo ayudaba. Como si fuésemos conocidos de toda una vida se sentó a mi lado  - Tsk… se está tomando muchas atribuciones – Pensaba.

- Bien, te diré que ocurrió en esa habitación, pero antes deja libre a la pequeña luz, no es violenta y me pertenece – Comentaba con la vista fija en el recipiente de vidrio – Si vas a curar mi ala rota entonces no debería cambiarme aun… tonto – Agregaba. Era sorprende que yo dijera algo así, en otros tiempos simplemente no hubiese dejado que se acercara a mí.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Miér Dic 11, 2013 10:21 pm

Bueno, los pantaloncillos eran mejor que nada. Prefería que estuviera de esa manera a que solamente estuviera envuelta con una toalla. No iba a negar que debido a que el hogar irradiaba tanto calor la ropa era sólo un adorno más que un abrigo. ¡Pero daba igual, en la sociedad las personas iban vestidas y ya! Suspiré y me despeiné los cabellos aún mojados mientras miraba hacia las llamas danzantes. Sonreí al verla sentarse por fin a mi lado, aunque una ceja divertida se alzó divertida al escucharla. ¿Qué no malinterprete qué…? ¿Acaso había una forma de malinterpretar eso? El piso era duro y frío, aún con la agradable temperatura de los leños crepitando era mucho más confortable el sentarse en aquel sillón relleno de plumas. Sonreí y negué suavemente con la cabeza, tal vez ella debería de dejar estar a la defensiva y ya.

Cuando preguntó dónde estaba señalé el frasco de mermelada que estaba sobre la mesita de café, junto a donde estaban las tazas. Estaba allí, flotando tranquilamente en su nube de polvo y luz. No sabía que era y hasta incluso dudaba seriamente si en verdad quería saberlo… En un primer momento me había parecido que era uno de los espíritus de los objetos, pero ahora que lo miraba bien no parecía. Era demasiado sólido, demasiado poco malvado además. No lo había oído decir ni una sola palabra ni siquiera mover o agitar nada. No, ahora que lo pensaba no era siquiera un poltergeist.  

- No te conviene liberarla, déjala en el pote que estará más segura… - aclaré al escucharla una vez que había vuelto, tomando el pote y dejándoselo delicadamente en las manos. La lucecita pareció brillar con mayor intensidad, como demostrando que estaba feliz de una vez por todas. Sonreí, no me gustaría pensar que pudiera terminar rodeándose con las cosas no humanas que invadían aquel viejo anticuario. Casi como para acompañar mis palabras, las lámparas que colgaban del techo se sacudieron entre tintineos y se encendieron momentáneamente algunas luces. – Basta Rogelio… - dije suavemente, como solía hacer Kardia cada vez que las cosas comenzaban a inquietarse por sí solas. Él era el más molesto de todos, casi siempre se lo oía refunfuñar en voz baja por lo plagado que estaba el lugar y que no entrarían toda su colección de jarrones en aquel lugar. Siempre molesto e irritado…  - ¿Ves? La compañía no es tan buena por aquí… - comenté entre risas al escuchar otra de los típicos quejidos de Rogelio por el lugar. El lugar solía estar plagado de esas pequeñas cosas, esperaba que ella no les tuviera miedo después de todo.

- La ropa no parecía molestarte tanto en el parque… - comenté cruzándome de brazos. ¿No había desplegado sus alas de todas formas cuando estaba en el parque. Claramente la recordaba a ella envuelta en lo que parecía una bandada de cuervos, aunque ahora todo cobraba sentido ahora que sabía que sus alas eran tan negras como las de ellos. Como los de una noche sin estrellas, pero igual de hermosas. Si trepar era libertad, volar debería de ser no tener límites… Le sonreí, levantando nuevamente de mi lugar. – Iré a buscar vendas y crema cicatrizante… - comenté mientras volvía a encaminarme hacia el baño, abriendo un pequeño botiquín y apoderándome de ellas.

Cuando volví, volví a escuchar el tintineo de los candelabros, hoy, Rogelio parecía más animado que de costumbre. Volví tranquilamente hasta su lado y deposité todos los vendajes sobre la mesa de café. – Date vuelta y despliega las alas… - Comenté mientras tomaba una de aquellas pomadas, esperando a que lo hiciera. Tomé su cabello que caía libremente y comencé a trenzarlo rápidamente, colocándose por sobre los hombros para que no incomode al momento de vendar.

- ¿Cómo terminaste tan lastimada? – comenté mientras pasaba aquella pomada sobre las grietas en su espalda, sabiendo a ciencia cierta que por más que lo intentara, no parecían como si fueran a sanar. Suspiré resignado y tomé los vendajes. Había arreglado el ala de un gorrión una vez, esperaba que no fuera muy diferente a eso…
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Vie Dic 13, 2013 9:58 am

La noche seguía avanzando, y con el correr del tiempo más se acercaba el momento de hablar de aquello, una rosa de color negra ha comenzado a crecer en el pecho adolorido de un alma incompleta.

- Pero te dije que no es peligrosa… - Agregaba al escucharlo decir que no dejara libre a la pequeña luz. Seel no era violenta porque esa no era su función, pero si yo lo deseara podría serlo.
- Esta esfera es diferente a un espíritu – Comentaba mientras miraba a través del recipiente de cristal en mis manos a la pequeña luz bailar –… aunque no tanto – Acoté.

- Tsk… no me molesta, solo estoy esperando – Dije mientras señalaba mi espalda en señal de que se diera cuenta que había propuesto curar mi ala rota. De inmediato se puso de pie y fue hacia la habitación de baño – No creo que una crema sane mis heridas… - Susurraba para mí misma al verlo marcharse. Estas cicatrices no pueden ser curadas, porque no son solo físicas.

El joven deimos regresó con diversos objetos entre los brazos, de alguna manera la situación ya no era tan hostil - ¿Q-qué? – Pregunté con el rostro algo ruborizado. Sabía que era necesario, pero que situación para más incómoda… rayos, - Pero no veas – Condicioné con la voz firme. Me di vuelta dándole la espalda y retirando la toalla, con ambos bazos tapaba la parte del pecho, suspirando un par de veces me preparaba para desplegar las alas, y con un golpe seco lo hice. Haciendo algunos quejidos audibles estaba lista para ser curada, esperaba que no fuese doloroso, ya había tenido bastante esta noche. Una mano cálida tomaba mi largo cabello color plata, jamás había dejado que alguien se aproximara tanto a mí, estas cosas no eran mi fuerte.

- Es una larga historia – Comenté al escuchar su pregunta – No creo que debas concentrarte en las heridas que se encuentran donde nacen mis alas… no sanarán – Le decía al sentir esa mano cálida pasar por las grietas que se formaban irregulares, un escalofrío recorría mi espina dorsal al taco con su mano, era un sentimiento extraño. Ni siquiera mi maestro pudo curarme del todo, ni con todo su poder, menos lo haría una crema que evidentemente era para seres humanos, pero tal vez agradecería su gesto de preocupación, tal vez.

Suspiré una vez más y comencé a hablar mientras el vendaba mi ala – Yo tuve un accidente en el Cielo, sé que te preguntas por que un ángel tiene alas negras, estas son las marcas para que nunca olvide quien soy. Fui un sujeto de prueba, algo salió mal y terminé así, no me importa en lo absoluto, pero a los demás ángeles si – Decía con la voz vacilante – Ellos se alejaron de mí, yo ya no pertenecía a ese reino de pureza, fui rechazada, pero algo así no me importaba… Solo hubo alguien que en toda esa miseria se compadeció de mí, ese era mi maestro. – Callé de inmediato, estaba hablando demás, que estúpida estaba siendo.-Solo eso – Terminé de decir sin saber por qué diminutas lagrimas se resbalaban por mis mejillas. El permanecía en silencio, ya no sentía el calor de su mano. - ¿Qué sucede? – Pregunté sin girarme a ver qué le ocurría,  no quería que viese mi rostro de esa manera, mucho más vulnerable que antes.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Dom Dic 15, 2013 4:34 pm

- Oh, pero las malas compañías son las peores… - comenté divertido mientras miraba al techo, hacia los candelabros colgados que habían dejado de moverse hace poco. No iba a decir que no me incomodaba la idea de aquella cosa blancuzca revoloteando por toda la casa, me molestaba bastante la simple idea de que aquella esfera se comportara cual espíritu doméstico y atormentado. Y no quería que causara más problemas de los usuales si comenzaba a actuar como los otros poltergeists de los alrededores. - ¿Y si diferencia en que no está muerta…? – pregunté divertido entre risas, guardándome los comentarios perturbadores sobre que un fantasma y un espíritu eran cosas completamente diferentes.

- Como si me interesara ver… - comenté para mi mismo poniendo los ojos en blanco y volteándome. Los cuerpos físicos eran todos iguales, no importaba si eran angelicales, demoníacos o mundanos. Todos éramos anatómicamente iguales, claro, con nuestras diferencias de género. Y yo tenía la suerte de que aquello me importara tan poco como el clima que haría al día siguiente. Sonreí y me giré uno rato después, una vez que ya estaba seguro de que no comenzaría a chillar si me volteaba, la señal fueron unos quejidos de dolor y el sonido del aire al perturbarse.

- Esta bien… - comenté mientras terminaba de pasar la crema verdosa con olor a plantas molidas y me limpia con un paño húmedo. Confiaba en que eso ayudara en algo, por más de lo que dijese, después de todo, era uno de esos ungüentos super-potentes que Kardia había aprendido a fabricar cuando estaba en Damasco. Confiaba en que surtieran efecto, más que nada porque si eso lograba curar a demonios casi instantáneamente, debería de ayudar a la cicatrización de un ángel, que además tenía el factor curativo a su favor. Sonreí satisfecho, mientras tomaba las vendas y comenzaba mi trabajo con su ala. Ella comenzó a hablar sobre como había llegado a ese punto, el misterio de sus alas negras y eso. Y yo, por mi parte, simplemente la escuchaba tranquilamente, dejándola terminar. Sabía que hablar de cosas así era duro, por lo que sentía cierta simpatía hacia ella y la comprendía.

- ¿Por qué iban a realizar experimentos con algo así? – solté al final de su relato pensando que los ángeles estaban completamente chalados, ordenando mentalmente las preguntas a medida que iban surgiendo en mi cabeza. Negué suavemente y continué hablando, ajustando un poco más el vendaje para que no se soltara durante la noche. – Que no te importe lo que opinen los demás, tu maestro sabía que tú eras valiosa a tu manera y por eso cuidó de ti… Seguramente lo extrañas mucho… - añadí mientras le despeinaba suavemente los cabellos aún concentrado en su ala, o por lo menos fingiendo estarlo, para no hacerla sentir incómoda. Ella seguramente debería de estar agradecida, pero a ser discriminada por todos había conseguido ayuda y alguien que la apoyara y la ayudara a salir adelante…. Yo hubiera dejado muchas de las pocas cosas que tenía de lado para tener a alguien así en el orfanato. Sonreí y me aparté suavemente de su lado, con cierta pena por los recuerdos.

Sentía simpatía hacia ella, sabía lo difícil que era estar solo en un lugar hostil y no tener ningún otro lugar a donde ir. Ahora entendía como se sentía por ser un ángel y además despreciado. Yo no veía lo malo de tener alas negras, de cómo eso podría llegar a afectar tanto en la sociedad angelical. ¿Acaso no eran seres puros llenos de cariño…? Se veía que no, que eran tan hipócritas y fríos como los mismos humanos o demonios. Suspiré y la escuché voltearse con lagrimas asomando por sus ojos.

- Oh, no llores pequeña… - comenté mientras que con mi dedo índice capturaba una de sus lágrimas que se escapaban y limpiaba su rostro de ellas. - Mañana será un día mejor, incluso ahora tienes esa cosa brillante contigo, incluso verás a tu maestro en alguna otra ocasión… Ya no estás más sola, después de todo me tienes a mí, ¿no? Podemos ser amigos.– le dije con simpatía y cariño. Ahora entendía el porqué de su actitud tan defensiva y todo eso. Suspiré, sonaba extraño que le dijera algo así, pero después de todo era lo que pensaba. – Puedes volver aquí cuando lo necesites, seguramente terminarás por tomarle cariño a Kardia y si puedes lidiar conmigo y con Connor te sentirás a gusto… - continué mientras me giraba para volver a guardar aquellas cosas en su lugar de origen. Trataba de hacerla sentir mejor, no quería que se deprimiera por ello y hasta que se establezca en aquella ciudad, no creía que fuera demasiado problemático cuidar de ella. Claro, siempre y cuando ella no me diera muchos más problemas como los de hoy a la mañana…

- Vamos, te prepararé una cama, seguramente no has dormido bien en un largo rato y necesites descansar… - añadí con una sonrisa mientras tomaba aquellas frazadas que había sacado del sofá y me giraba para verla. - ¿Prefieres dormir aquí o en un cuarto? Ambos tienen los hogares con leño así que sería prácticamente lo mismo… - comenté con un encogimiento de hombros, tratándola de hacer sentir cómoda con todo aquello.

Definitivamente, sentía como si hubiese adoptado a un pequeño gatito gruñón.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Ekaterina Petrova D. el Miér Dic 18, 2013 1:47 am

Con un intento de fuerza apretaba los brazos que rodeaban las rodillas y agachaba la cabeza un poco. ¿Qué diablos sucedía? ¿Me había convertido ya en basura por completo? Hablar de mi vida con un deimos… o estaba loca o era una completa idiota. Mi maestro sentiría vergüenza de mí.

- Los ángeles superiores – Susurré con desgano – Ellos son seres superiores a todo lo conocido al igual que los Arcángeles. Todos ellos mantienen sus cuerpos puros, y yo no soy pura… - Le decía algo apenada. Todo el dolor que había sentido en el momento d la conversión, y el que vino después de ella. Odiada por mis hermanos y repudiada por el alto consejo del 7° Cielo. Yo era una vergüenza, mi vida había cambiado tan rápido que no sentí la realidad.

Escucha lo que él decía sobre mi Maestro y mi corazón dio un pequeño salto – Mi maestro… mi… Padre… Él es como un padre… - Respondí mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro – Es todo lo que tengo y al único que respeto – Terminaba mi oración. Mi maestro me había devuelto la vida, una vida que él podía utilizar como quisiese.

Toda la conversación con aquel muchacho hizo que mis ojos derramaran lágrimas. Recordar todos esos sucesos dolorosos no era de mi agrado. Estaba tan perdida en mis recuerdos que sin saber cómo sentí algo deslizándose por el lugar donde corrían las lágrimas. Giré el rostro para ver que era y pude ver la mano del muchacho posada de modo gentil sobre la mejilla mientras decía algunas frases – No lo hagas – Exclamé sosteniéndolo por la muñeca – Acepto que eres una persona amable, pero ¿Amigos? Algo así no existe, las personas son mentirosas, siempre buscando su propio beneficio, el saciar esa sed de poder. La amistad es algo que conocí de cerca y que luego se me fue arrebatada, quienes eran “mis amigos” intentaron cortar mis alas y marcarme como caída, ¿Qué podría esperar de ti? – Decía alzando un poco la voz y con la respiración agitada, ¿Amigos? ¿Era en serio? La amistad era un triste ilusión, algo para engañar al vacío existencial nada más, no volvería a pasar por una decepción, ya no.  – Estoy segura de que esas personas que mencionas no estarán tan cómodos cómo tú con mi presencia – Repuse con seguridad pasando los dedos por la cabellera plateada.

Él, aunque le había dicho todo eso seguía siendo amable, vaya muchacho confiado, ¿Cómo podía fiarse de alguien como yo? Insólito… - Prefiero el baúl que te pedí al inicio – Contesté poniéndome de pie y colocándome la camiseta blanca que desde un principio debería haber llevado. Aunque él había curado y vendado mi ala lastimada aun no podía moverla con total libertad por lo que dormir en el baúl con las alas desplegadas sería lo más incómodo posible - ¿Dónde es tu habitación? – Pregunté mientras alargaba el brazo para sostener el frasco que contenía a la luz – Pon el baúl en ese lugar y coloca las frazadas sobre él, dormiré ahí  – Le decía un tanto fastidiada, me hubiese gustado dormir sola, pero si tenía que hacerlo en el mismo lugar que él me daba lo mismo. – Prefiero que esas personas de las que hablas no me vean así que me quedaré contigo, es por mi seguridad – Le decía al joven mientras lo tomaba de la muñeca con la mano libre y lo llevaba hasta aquel corredor de muchas puertas – No lo tomes a mal, no es como si quisiera dormir contigo – Advertí con la voz llena de seriedad – Bien ¿Dónde es?- Preguntaba mirando hacia todos lados.
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Re: No me des mas lata... -Privado-

Mensaje por Xerrac Ion el Miér Dic 18, 2013 8:38 pm

- ¡No digas eso! No creo que seas “impura” tan sólo por el color de tus alas, después de todo, es su culpa, por haber experimentado contigo y todo eso. – comenté un tanto fastidiado al oírla. ¿Cuántas veces me habían dicho cosas así durante mi infancia? ¡Millones! Pero luego de pasar por esa etapa depresiva en creer lo que otros dicen de ti, finalmente realizas en que lo que importa es lo que tú creas y que los otros se equivocan muchas veces. – No te tienes que dejar deprimir por cosas como esas… - añadí con un suspiro de frustración. ¿Es que acaso no se daba cuenta que con alas negras o no seguía siendo ella misma?

- Ya me he dado cuenta que no respetas a nada más… - dije burlón mientras me cruzaba de brazos y alzaba una ceja. Era agradable el saber que no estaba completamente sola entre tantos caos, que tenía alguien que la apoyaba y la cuidaba. Por lo menos ella sí había tenido alguien que la protegiera en los momentos que los necesitaba. Suspiré y aparté mi mirada hacia el fuego, preguntándome donde estaría su maestro en esos momentos, el porqué la había dejado sola en este mundo sin acompañarla. - ¿Y dónde está ahora? – pregunté sin apartar mi vista de las llamas, era prácticamente imperdonable el haberla dejado desprotegida en esos momentos. Diga lo que diga, ángel o no, a mis ojos era una simple cría que no sabía cómo vivir en aquella sociedad.

- Ah, gracias, es bastante agradable que me metas en la categoría “mentiroso en busca de poder” … - dije mientras alzaba una ceja un tanto irritado y me apartaba. ¿Qué? Si esperaba que le insistiera estaba equivocada, lo había dicho porque en verdad lo sentía y porque no quería verla sola y triste. Y si creería que me interesaban sus alas estaba todavía más equivocada. Ya tenía plumeros de sobra como para querer más plumas que se desparramaran por todo el lugar. – No voy tras tus alas si esa es tu pregunta, con las plumas que dejaste en el baño ya alcanza y sobra para rellenar todo un almohadón… - bromeé mientras me apartaba en busca de las tazas, depositándolas en la bandeja de madera en las que las había traído. La situación ya se había puesto incómoda y no estaba para soportar muchos más silencios tensos. – No esperes nada de mí, soy así sin filtros ni tapaduras… - añadí encogiéndome de hombros y volteándome para llevarme las tazas cuando la escuché y sonreí. – A Connor no le molestará y a Kardia incluso puede que le agrade tu compañía… - añadí entre risas. Si había algo que sabía que no pasaría sería ellos queriendo echarla por molestia.

- ¿Enserio vas a dormir allí? Es un poco pequeño y tienes una de esas lastimadas… - dije mientras apoyaba la espalda contra la barandilla, haciendo un gesto con la cabeza para referirme a sus alas, aún con la bandeja en mis manos. Deposité la bandeja en la mesita de café, ya tendría tiempo de bajarla cuando bajara a buscar el baúl. Me tomó de la muñeca y comenzó a caminar hacia el pasillo, puse los ojos en blanco: otra vez comenzaba con su actitud de nunca ser sincera. ¿Cómo se podría decir? Se hacía la dura y ponía escusas todo el tiempo. – Es esa puerta entreabierta. – dije mientras señalaba mi cuarto y me liberaba suavemente de su agarre, todavía tenía que ser su mula de carga y subir el baúl nuevamente. Una vez de asegurarme que ya estaba dentro, volví para buscar la bandeja y bajarla hasta la cocina. Las lavé rápidamente y las dejé secando, cargándome el baúl al hombro y subiendo las escaleras tranquilamente.

Llegué a mi cuarto y abrí la puerta. Dejando el baúl de manera sonora frente a mí. Las cosas que antes habían estado allí dentro seguían desparramadas en la cama, entonces los tomé y los guarde en el estante del armario, donde antes estaban las frazadas. - ¿Sabés? Quédate con la cama, iré a buscar un futón… - dije mirando nuevamente lo pequeño que era, no entraría allí y menos con un ala lastimada. Suspiré y desenrollé el futón que guardaba debajo de la cama. Era bastante bueno. Sonreí y tiré las frazadas allí, si fuera por mí hubiera dormido en el suelo mismo… - Si no te molesta me quedaré leyendo un rato… - comenté mientras tomaba un libro antiguo de Kardia y me cruzaba de piernas sobre el futón. Si lo estaba leyendo era porque estaba escrito en lenguaje demonio, y para ello aprovechaba mi habilidad innata para comprenderlo. Me acomodé y comencé a leer mentalmente tranquilamente, sin preocuparme por la escasa luz que se colaba por la ventana. No necesitaba mucho más que el resplandor que emitía el hogar.
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