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Point of No Return [ Priv - Jensen ]

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Point of No Return [ Priv - Jensen ]

Mensaje por Hope Everdeen el Sáb Feb 08, 2014 4:24 pm



   Point oF No Return...  

< <  A g a i n s t   y o u r   d e s t i n y  > >



En la poca vida que podía recordar, Hope había escuchado a menudo de compañeros de trabajo e instituto sobre personas que habían dejado marcas imborrables en ellos. Una vez que aparecían, era imposible olvidarlos y los efectos que causaron permanecían allí, inexorables, impasibles.  

La presencia del ángel no sólo los había acercado peligrosamente al borde del abismo de la vida, sino que desde su encuentro, todos los sucesos siguientes se tornaron confusos, al menos para Hope. Fue como si de repente le hubieran arrancado hojas al libro que estaba leyendo, en distintas partes de éste. Lagos negros se creaban en su relato y las imágenes parecían más a flashes momentáneos que a una película mental.

Las frías irises de ese magnánimo ser brillaban bajo sus párpados, esa mirada de reconocimiento tan penetrante que parecía atravesarla como si se tratasen de rayos X, como si en verdad supiera qué era ella. Le hubiera gustado hablar con él, aquel que se hacía llamar a sí mismo Izrael, o al menos eso había escuchado a partir de los retazos de conversaciones del Cazador en sus pocos momentos conscientes en el auto, entremezclado con el rugido del motor y los sonidos de la radio mal sintonizada. Jensen estuvo tan compenetrado en salir de allí que sólo al final del viaje se percató de ese detalle.

Las palabras del castaño alejaron esos ocelos zafiros de su mente. Percibía en la mirada del joven el alivio y la alegría al verla bien, como también la inquietud acerca de aquel extraño símbolo sangriento dibujado en el espejo de su baño.

Miró su mano cuidadosamente vendada, recordando cómo sucedió ese corte: cuando el ángel comenzó a seguirla por la casa, un símbolo apareció en su mente de repente. Los trazos definidos de un brillante dorado danzaron frente a ella doblándose y girando en movimientos precisos y rápidos, como si una mano invisible los dibujara para su deleite. Veía el poder en la firmeza de cada línea, podía percibir con facilidad aquella aura ancestral y misteriosa que desprendía.  Su cuerpo se movió sólo, con la corazonada naciente de que esa era su única salvación, sabiendo perfectamente qué hacer. Así fue como terminó en el baño, con su temblorosa mano izquierda sosteniendo la hoja de afeitar, haciendo un profuso corte sobre la palma derecha. La sangre fluía considerablemente y ella comenzó a dibujar sobre el espejo, repitiendo esos trazos que veía en su mente. No sintió dolor hasta que presionó su mano sobre el símbolo. Éste resplandeció, un brillo que causaba repulsión en la muchacha. Apretó los dientes, mientras sentía un intenso ardor en sus manos, como si el mismo símbolo la repeliera. Cuando éste dejó de brillar y el dolor cesó, trastabilló hacia atrás y cayó al suelo, inusitadamente cansada y mareada. Sabía que no era sólo por la pérdida de sangre, ese símbolo tenía algo que ver.  Se aferró a la conciencia el tiempo suficiente para ver a Jensen y verificar que él estaba a salvo. Esbozó una débil sonrisa al verlo mientras se dejaba acunar en los brazos de Morfeo.

La voz de Jensen la trajo de vuelta a aquella habitación amplia de diseño antiguo. Le hacía acordar a las películas de mansiones antiguas, típicas de películas de fantasmas. Ese hecho no la calmó en lo absoluto. Lo más llamativo del diseño era el techo, donde podía apreciarse una elaborada estrella de siete puntas con un escorpión en el medio, decorado con diversas palabras de un idioma que no conocía. Estuvo a punto de negar con la cabeza, aún con su vista hacia el techo, cuando escuchó a su estómago gruñir y se percató por primera vez de que tenía hambre. No era extraño considerando que sólo había almorzado un sandwich el día anterior , aunque con todo lo sucedido apenas podía pensar en detalles tan triviales y mundanos como la cena.

Veré que hay – se apresuró a decir avergonzada, interrumpiendo las risas del castaño. La cocina combinaba con el resto del antiguo diseño, no había nada que sirviera para cocinar, tan sólo algunos cuantos refrigerios, refrescos y una pizza a medio terminar que se veía comestible. Volvió a donde estaba el Cazador, leyendo esos pesados libros lleno de símbolos extraños. Se lo sacó con cuidado de las manos, poniendo la comida sobre el escritorio.

Estoy segura que no has comido nada tampoco, la lectura puede esperar  – tomó una porción de pizza, dando un mordisco –.  Y antes de que preguntes, el símbolo simplemente apareció de repente en mi mente, es la primera vez que lo veo. Pero en ese momento tenía una corazonada y... sabía qué tenía que hacer.

Jensen, atento a cada palabra que decía sin juzgarla en ningún momento, la observó pensativo. Para ser sinceros, no parecía verla precisamente a ella, a su persona, sino más allá, a aquel misterio que se ocultaba bajo la fémina figura de una adolescente. Parecía tan desconcertado como ella, como si ambos estuvieran dentro de un complejo laberinto a oscuras, siendo incapaces de encontrar la salida.

El silencio se hizo entre ambos, unos minutos que se tomaron para pensar en su actual situación y sólo sirvió para llegar a la conclusión más obvia:

Tenemos que irnos de aquí.

Y Hope sabía perfectamente a qué se refería con “aquí”. Observó los libros y manuscritos en un costado, los textos antiguos algunos incluso en latín; la extraña simbología y los dibujos de distintas criaturas. Había una que destacaba del resto, un cuerpo humano con largas plumas detrás de su espalda.

Tengo que ir a la casa de unos parientes en un pueblo tranquilo de Baviera. Si no lo hago, van a preocuparse y llamar a mis padres – su voz sonó con determinación, dando a entender que no daría el brazo a torcer en esta cuestión –. Ellos no deben volver a Bucarest. No lo van a hacer.

Escuchó las quejas del cazador, toda la hilera de fundamentos totalmente razonables que detallaban los contras de ir allí.  Pero ella no cedió, se cruzó de brazos como si fuese una niña y negó con la cabeza.

 Si no voy, mis padres van a volver a Bucarest. ¡No pueden venir a buscarme! ¡Pueden estar en peligro! ¡Están seguros donde están! – se encaramó hacia el escritorio, apretando sus bordes de madera –. Te debo la vida, Jensen. Siempre voy a estar en deuda contigo, ¿sabes? Pero en esto no puedo ceder, si de algo estoy segura es de que iré a Baviera. Acompañada o sola, esa decisión es tuya.

Jensen se incorporó sin responderle, abandonando la habitación. Por unos segundos, Hope pensó que se había marchado y sintió un nudo en la garganta. Pero entonces lo vio en el marco de la puerta, lanzándole el bolso que se había preparado antes de que Izrael los atacara. Al parecer él lo había tomado antes de abandonar su hogar.

 ¿Hora de irnos? – preguntó con una sonrisa.

Cuando terminaron de preparar todo lo necesario para marcharse – no tardaron demasiado considerando las pocas pertenencias que tenían –, Hope observó a Jensen traspasar el umbral de la casa.

 ¿Podré volver a Bucarest algún día? ¿A...casa?

Esa pregunta infantil floreció de sus labios reflejando todos sus miedos e inseguridades. Se mordió el labio, esperando la obvia respuesta de Jensen.

Pero él jamás le respondió.


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El Railjet II emitió otro agudo silbido. El tercero, aquel que indicaba que la imponente maquinaria de tonalidades roja y negra pronto iba a partir.  El Railjet II había sido construido hacía un año, siendo una mejora de su predecesor austríaco, alardeaba ser el tren actual de alta velocidad más rápido, moderno y lujoso del mundo. Los enormes vagones contaban con todos las comodidades que uno pudiera desear: asientos amplios y mullidos, imponentes televisores plasma por aquí y por allá con su consola de videojuegos y una gran mesa llena de todas las comidas que uno pudiese desear. Había además una zona de cuartos individuales, con sus respectivos baños en suite. ¡Hasta incluso tenía una mesa de billar en la sala de juegos!

Ambos contaban con un vagón para ellos solos. Hope, sentada con su fiel cuaderno de dibujos sobre su regazo, observó la gente apilada en la estación, despidiendo alegremente a los pasajeros que saludaban por la ventanilla o aquellos quienes abrazaban a los recién llegados, emocionados por verlos luego de un largo viaje. El Sol los iluminaba con un matiz dorado, haciendo que sus facciones brillaran más, realzando la belleza de esa escena.

Tomó sus lápices y comenzó a dibujar, perdiéndose en cada trazo, plasmando esa escena que vio en su mente.  El Cazador supo que en ese momento no debía interrumpirla, hecho que Hope agradeció. Dibujar era su forma de alejarse de los problemas, sólo se centraba en la imagen, en ese fragmento de su corta vida que trataba de preservar para un futuro, con miedo de que de nuevo pudiera olvidarlo. Esas escasas hojas eran toda su vida, le daba a cada una de ellas el tiempo y la importancia que se merecían.

Perdió la noción del tiempo, no alzó la vista hasta que no terminó su dibujo, encontrándose con el Cazador leyendo concentrado un diario de cuero marrón. Al percatarse de que estaba siendo observado, posó sus orbes rojizas en la pelirroja, con un implícito "¿Sucede algo?" en ellas.

- Te vi combatiendo y eres muy bueno, de algún lado aprendiste. Y estaba pensando que...  - jugó con los bordes de su pulóver con nerviosismo -  quizás podrías enseñarme, ya sabes, para defenderme y poder actuar como...mmm... ¿una cazadora?

El castaño la observó de arriba a abajo, como si su mirada se tratase de un escáner. Se veía el escepticismo y la negación reflejado en sus ojos, Hope apostaba a que debía estar imaginándola en cientos de situaciones peligrosas sin salir airosa de ninguna de ellas.

Puedo hacerlo – insistió,  su voz sonando más a una súplica que a una afirmación –. Pero necesito de tu ayuda. Más vale prevenir que curar, ¿verdad?

Sonrió victoriosa cuando Jensen se incorporó con cierta resignación, como si discutir con ella fuera más agotador que darle el simple capricho. Comenzó a explicarle sobre los demonios, aquellos que poseían cuerpos y que la mejor forma de salvarlos era con un exorcismo, a menos de que el contenedor hubiera sido herido de gravedad, en ese caso ya la persona estaba perdida. Le explicó que en general poseían personas que se encontraban vulnerables, ya sea atravesando por malos momentos o emociones intensas (miedo, ira, entre otros) o incluso porque su voluntad así lo era en general. Le mencionó de los espíritus malignos, personas que fallecieron trágicamente y su esencia continuaba vagando por el mundo terrenal, apareciendo en sitios significativos para su ya acabada vida. Lo más práctico era encontrar el cuerpo y quemarlo o buscar el objeto que servía de ancla para este mundo y destruirlo.

Hope jamás imaginó que existieran tantas criaturas conviviendo en el mismo suelo que ella y mucho menos que tuvieran tantos secretos. En cuestión de unas horas, su mundo se había ampliado de forma abrumadora. Se dio cuenta que no estaba equivocada respecto a su primera impresión del Cazador, las experiencias y el conocimiento que tenían eran demasiado extensas, no concordaban con su edad aparente en lo absoluto.

Prosiguieron con los símbolos, dibujos donde su predominante era una estrella judía acompañado de otras grafías. Rápidamente aprendió a hacer Trampas del Diablo, el Candado Demoníaco  y hasta incluso la llamada Clave de Salomón, aquel complejo heptagrama con un escorpión en el centro que tanto llamó su atención anteriormente. Cuando Hope comenzó a pensar que después de todo no sería tan mala cazadora si se lo propusiera, Jensen le explicó de ciertas tácticas de defensa, por si trataban de atraparla de repente y debía quitárselos de encima. Perdieron la cuenta de cuántas veces intentaron y en ningún momento – si no contaban la vez que le dio una descarga eléctrica por accidente – Hope pudo quitar el brazo del Cazador sobre ella y golpearlo o deshacerse de su agarre. O él tenía mucha fuerza o ella carecía totalmente de ella, ambos apostaban por la segunda opción.

 Creo que necesito un descanso  – pidió respirando agitada.

En el preciso instante en que Jensen la soltó, un sonido atronador retumbó en sus tímpanos: una explosión. Las luces parpadearon unos segundos hasta extinguirse y el Railjet II fue aminorando su velocidad hasta detenerse con un movimiento brusco que hizo que trastabillara, golpeándose contra la ventana. Observó hacia fuera: la luz de la Luna llena alumbraba con su pálido resplandor un páramo descampado, con altos pastizales que hacia el oeste terminaban en la entrada de un frondoso bosque. Al este, a lo lejos, se distinguían algunas luces que indicaban el comienzo de un pueblo.

Todo se sumió en un tétrico silencio que se rompió con el llanto de un niño, el cual fue el detonador de los gritos y el sonido de varios vagones siendo abiertos a la fuerza. Tomó una de las linternas que habían preparado antes de salir y apuntó al Cazador, quien estaba ocupado con la suya propia, alumbrándose como podía mientras cargaba su pistola con balas de plata. Se lo veía molesto, farfullando algo por lo bajo: Carroñeros.

No sabía quiénes eran, pero de algo estaba segura: habían entrado. Y estaban buscándola.
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Re: Point of No Return [ Priv - Jensen ]

Mensaje por Jensen J. Ackles el Sáb Feb 22, 2014 9:59 pm



Point of no return




Jensen rió suavemente. Si bien no era una persona especialmente risueña, si sabía cómo sonreír. Y cuando sonreía, daba la impresión de que todo estaba bajo control. Era como el resonar de la voz de un piloto en el interior de un avión atravesando una tormenta eléctrica; asegurando que no hay nada que temer, que estarán bien y que el peligro pronto pasará. El castaño mantuvo esta expresión unos segundos, observando la silueta de perfil de la pelirroja. Varias veces ese mismo día había hecho lo mismo, intentar descifrar el complicado acertijo que encerraba la tonalidad escarlata de sus ojos. Cada vez que ella estaba cerca, la sensación de confort y tranquilidad en él le hacía olvidar todo; incluso sus propios deseos. El diccionario del castaño tenía una palabra para aquello, pero su consciencia lógica le repetía que ese sentimiento no podía haberse desarrollado en tan poco tiempo. Notaba algo raro, algo que escapaba a su entendimiento. Pero después de todo, ¿acaso en realidad necesitaba explicarlo?
Roma no se hizo en un día. Trata de sentarte y... — Justo cuando decía estas palabras, vio algo más allá del reflejo carmesí sobre los cabellos de Hope. O eso pensó.
Su figura vestida en jeans desgarrados, cazadora femenina, zapatillas Converse; todo a juego en una gama oscura y apagada. Ella estaba sentada en su lugar, mirándolo con curiosidad; su tez blanca como la nieve brillando bajo la luz. Su mandíbula se mecía en un ritmo lento y perezoso, seguramente mascando chicle. Describiendo su silueta, esos cabellos negros como la noche más oscura cayendo sutilmente sobre sus espaldas.
El castaño la miró callando por completo. Hope dijo algo que él no logró escuchar, antes de notar como su semblante se había ensombrecido. Lo llamó varias veces, pero Jensen estaba abstraído en su visión.
Al minuto siguiente, todo comenzó a caer en picada. La aparición de la muchacha desapareció cuando la pelirroja se giró en un intento de encontrar que había puesto a su protector en tal estado de preocupación. La oscuridad se tragó el cuadro entero, hundiéndolos a ambos en las penumbras de las que tanto intentaban escapar.
Masa crítica. Los obstáculos y el peligro sólo pueden ser ignorados por cierto tiempo, sólo pueden ser puestos a un lado temporalmente. Nunca desaparecen, nunca se alejan; no por completo. Se acumula incansablemente, como una bestia que jamás puede saciar su voraz hambre. Y entonces, cuando adquiere suficiente momentum para estallar; lo hace frente a tus narices. Masa crítica, masa crítica.
Jensen tomó a tientas el antebrazo de Hope, tirándola hacia él. En respuesta un leve quejido de sorpresa, y un haz de luz cegándolo. Había vuelto, esa expresión de seriedad que implicaba problemas. A este punto, después de haber superado las crisis anteriores, Jensen no necesitó hablar.
“No te separes de mí” — Fue el mensaje en sus ojos. Hope asintió tratando de mantener la compostura.
El castaño se volteó empuñando su fiel Colt M1911 hacia la puerta del vagón, cruzando sus muñecas de tal forma que la linterna táctica alumbrase donde fuese que dirigiese el cañón. Un movimiento rápido y experimentado, natural para el joven. Avanzó a un paso que no era ni lento, ni rápido, la luz de la muchacha alumbrando de vez en cuando uno que otro punto frente a él. Abrió el vagón en un estruendo de chillidos que parecía ensordecedor en medio de las tinieblas y el silencio.
En algún punto las luces de emergencia, rojas como la sangre de carnero, se activaron a sus costados; logrando no más que una leve claridad y un escenario tétrico y desquiciante. Los sonidos de pisadas sobre los techos de vagones posteriores eran ahora más nítidos, así como el de los vidrios siendo agitados por el viento. Lo que era peor, ya no se escuchaban gritos. Ni una sola alma.
Jensen se volteó un par de veces para verificar que Hope lo siguiese de cerca. En más de una ocasión alzó su mano cuando ella estuvo a punto de acercarse a una ventana o por mirar atrás. Daba la impresión de tener consciencia de lo que sucedía, aunque fuese a sus espaldas. Cómo hacía eso, seguramente fue una pregunta que rondó por la mente de la chica.
Un vagón más adelante, el sonido de una botella haciéndose añicos acabó con aquel falso velo de paz. El Cazador tragó saliva, avanzando cautelosamente. La pequeña ventana del siguiente vagón dejaba entrever una mesa de billar con varios tacos encima, sillones y vasos. La escena de un pub nocturno, sólo que teñida de sangre. Jensen se enderezó al escuchar un sonido del otro lado, como si alguien acabase de pisar vidrios. El muchacho se volteó hacia ella, dando una mirada que sólo la muchacha podría descifrar. Hope asintió y afirmó su linterna hacia la puerta, a medida que el castaño cerraba su palma sobre la manija.
A la cuenta de tres, Jensen la abrió bruscamente, y de inmediato alzó la Colt. Una sombra del otro lado hizo su aparición en una anticipada emboscada. Agitó lo que parecía ser un palo largo hacia el joven, pero él fue más rápido. En un santiamén se hizo a un costado, minimizando su figura y dejando que el taco golpease el suelo con un sonido desagradable. El sujeto, sorprendido, no alcanzó a girar el rostro hacia su objetivo, ya que el codo del mismo azotó ferozmente su rostro. Con un gemido de dolor, cayó de espaldas llevándose sus manos a su nariz, en medio de blasfemias.
Jensen emblandeció sus facciones, girándose hacia la preocupada Hope con ojos somnolientos. Negó simplemente, dándole a entender que no había peligro. Detrás del atacante se escucharon varios murmullos de sorpresa y miedo. No estaba solo.
El hombre que había intentado derribarlo media poco menos de seis pies, lleva una musculosa de leñador y poseía brazos como troncos. Se reincorporó rápidamente, sacando algo de su bolsillo. La hoja de una navaja suiza apuntó al castaño.
¡Atrás, o te cortaré la garganta como a un cerdo! — Le amenazó furioso. Jensen soltó un suspiro, y avanzó un paso hacia él.  
Mira, esto fue un error. Todo esto fue un malentendido, tan sólo... — Pero no importaba lo que dijera. Aquel rubio de barba dejada estaba furioso, y la sangre no le llegaba a la cabeza. Trató de dar una puñalada a Jensen, que tuvo que hacerse a un lado para evitarla. Al siguiente movimiento, la hoja se encontraba a apenas unos centímetros de su cuello. Chasqueando la lengua, cambió de estrategia.
Está bien, hagámoslo de la manera difícil. — Expresó con un dejo de soberbia, llevando el cañón del arma en medio de los ojos del atacante. — Quita esa cosa de mi cara, imbécil, o tendrás que limpiar tus sesos de las paredes. — Un momento de silencio y tensión le siguió a este momento. El rubio parecía estar tratando de leer a Jensen, provocarlo. En respuesta, el Cazador sólo callaba.
Desde el otro lado de la habitación, el familiar sonido de un revólver cargando su barril le provocó una leve jaqueca.
Tranquilo, vaquero. No creo que a la señorita le agrade eso, ¿no crees, Otto? — Al vislumbrar al nuevo peligro, Jensen notó a un hombre de cabellos largos, negros y grasosos.
Sintió por un segundo que su pecho daba un violento vuelco cuando vio el cañón contrario apuntándolo no a él, sino a Hope. Por primera vez desde que había entrado a la sala, mostró preocupación. Y los hombres lo notaron.
Es cierto, Frank. Sería... desafortunado, jaja. — Se burló el rubio, viendo el cambio en los papeles.
Evaluando la situación, Jensen dio un examen al lugar. Detrás de las mesas de billar, vio a una pareja asomándose por un costado, y más allá detrás de la barra una cabellera rubia junto a la cabeza rapada del barman. Quizás se había equivocado, al parecer el dúo dinámico no era tan malo como pensaba.
Bien... — Murmuró alzando su mano lentamente, retirando el cartucho de la pistola. Lo arrojó a un costado, quitando la bala en la recámara en un rápido movimiento. — Creo que empezamos con el pie izquierdo, no somos el enemigo aquí.
Jensen sonaba particularmente convincente, al punto que los demás comenzaron a salir de sus escondites. Sin embargo, el de los cabellos grasosos rió apuntándolo con el revólver a medida que avanzaba.
Eso es, ahora la muchacha. Habrá que asegurarnos que no tiene ninguna arma escondida, ¿verdad, Otto? — Habló mirando a Hope mientras pasaba junto al Cazador.
Jensen frunció el ceño.
En medio de esa cuasi penumbra, se escucharon quejidos, insultos, leves gritos y caídas. Al cabo de unos cuantos segundos, los dos hombres estaban en el suelo visiblemente aturdidos. Jensen se alzaba con el arma en su mano.
Imbéciles. — Habló abriendo el revólver y desparramando las balas por el suelo.
Por favor, no nos hagas daño. — Murmuró una mujer rubia con uniforme de oficina, escondiéndose detrás del barman. El muchacho alzó una ceja.
¿De qué hablas? Lo único que hice fue quitarle el aire a un par de idiotas. No soy el malo aquí. — Respondió Jensen ofendido.
La pareja detrás de la mesa de billar se alzó ganando confianza, y el hombre afroamericano habló.
Tal vez fuesen unos imbéciles, pero fueron los únicos que mantuvieron la calma cuando esas... esas cosas aparecieron en las ventanas... ¿¡quieres decirnos que demonios está pasando allá afuera!? — Tartamudeaba el muchacho, abrazando cerca de su pecho a su pareja, que parecía al borde del llanto. Parecía tener unos veintitantos, y tanto él como la mujer llevaban elegantes y pesadas gabardinas.
El Cazador caminó en busca de su cargador, como si no lo estuviese escuchando. Tan sólo mirando como los sujetos que acaba de derribar se sentaban en el suelo, acomodando sus mandíbulas dónde deberían estar. Su nariz se arrugó en un gesto de desagrado.
Cualquiera es valiente si se tomara la mitad de alcohol de lo que estos dos han tomado. — Alzó la voz intencionalmente, mientras la mujer de los cabellos dorados salía a su encuentro. — De todas formas, esas cosas estarán aquí dentro de poco, y a menos que hagan lo que les digo, acabará sangriento.
¿Qué son? ¿Dónde está la seguridad? ¿Y el maquinista? ¿Dónde estamos? — La catarata de preguntas de ese manojo de nervios que era la rubia vestida formalmente provocó que la sien de Jensen palpitara. No le prestó atención, tan sólo se volteó hacia Hope y le hizo un gesto con el rostro para que se acercara. Parecía haberse vuelto un hábito tenerla a una distancia prudencial, como si tuviese miedo de no estar allí para protegerla.
Un estruendo se escuchó por el lado en el que ellos habían venido. Hierro quebrándose como ramas secas, acero siendo cortado como si fuese papel, vidrios estallando. El Cazador lo sabía, provenía del vagón en el que él y Hope habían estado hace un minuto. Fueron aproximadamente veinte segundos en los que todos callaron, hasta que los sonidos se apagaron.
Los borrachos parecieron haber vuelto en sí, siendo el miedo la mejor cura para la embriaguez. La pareja se abrazaba asustados, y los demás miraban a Jensen en busca de respuestas. El Cazador suspiró, arrojando la tira de su bufanda por encima de su hombro. Se dirigió a la mesa de billar y tomó dos botellas. Vacío el alcohol que les quedaba sobre el suelo.
¡Hey! — Se quejó el rubio tambaleándose, pero el muchacho lo ignoró.
Miren. — Dijo en voz alta y clara, callando a todos y atrayendo todas las miradas. El porte de un líder en sus ojos. — Estas cosas son peores de lo que pueden imaginar. Las balas no los puede lastimar, tampoco los objetos contundentes. No son humanos. — Dejó las botellas frente al barman, y se volteó hacia el centro de la sala. —  Necesito que llenen estas con agua, ¿alguno tiene un marcador, un labial, algo?
El de los cabellos grasosos, que ya se había alzado, se paró frente a Jensen, cortándole el paso.
¿Por qué deberíamos escucharte? Nada de lo que dices tiene sentido, rata. — Le soltó mirándolo con odio. El Cazador no se inmuto, manteniendo un tono de voz firme y claro.
Porque si yo puedo pasar por esa puerta, ellos también. Y créeme, harán cosas mucho peores que hincharte el labio. — Soltó seguro de sus palabras, alternando su mirada entre los dos matones. Al ver que no lograba apaciguarlos, continuó. — Estamos en el mismo barco aquí, ¿bien? Sólo intento sacarnos con vida de esta, he visto estas cosas antes, sé cómo combatirlas. — Todos parecían aceptar la explicación del joven, menos dos personas en específico. Sin saber que más decir, el castaño soltó con sinceridad. — Sólo quiero ayudar.
Hubo un momento tras sus palabras. Los hombres se acercaron por ambos flancos, listos para arrojarse sobre él y romper su cuello. Era una pérdida de tiempo.
Entonces, algo tapó las ventanas. Una niebla imposiblemente espesa, una bruma que parecía brillar con rayos como una tormenta eléctrica envolvió el vagón entero. En el exterior se escuchaban rugidos animales, pero de ninguno que nadie jamás haya visto antes. No eran naturales, no podía provenir de algo vivo. Era un sonido capaz de helar la sangre y causar desesperación.
Aun cuando esta se hubiese alejado, el sentimiento de desolación y frío continuaba acompañando el cuerpo de todos los presentes.
Entonces... ¿qué tenemos que hacer? — Preguntó el rubio con voz temblorosa.
Jensen se volteó hacia Hope, de vuelta afirmando esas palabras que le repetía en todo momento. Sólo que esta vez, sus ojos fueron quienes la expresaron: Todo estará bien.
Tomando uno de los tacos de billar, empujó todas las bolas hacia las canaletas, dejando la superficie del paño verde césped limpia.
Estarán aquí pronto, muévanse. — Ordenó el Cazador.
Y en efecto, los sonidos de estruendos resonaron a dos vagones de allí. Estaban cerca.


Habían pasado varios minutos desde el último concierto de metales retorciéndose. Todos estaban sumidos en silencio. Expectantes, temerosos. Jensen continuaba dando los últimos preparativos. Pasando su antebrazo por su frente, retiró aquella leve capa de sudor que lo cubría.
A pesar de que no lo demostrase, actuando siempre de manera segura y tomando la iniciativa, estaba visiblemente agotado. La jaqueca lo mantenía en un estado de dolor constante, como si un taladro estuviese perforando sus sienes. Y no había descansado ni comido adecuadamente.
Notó como la figura de la pelirroja se acercaba a un costado, y sin voltearse, le habló.
Estás más calmada de lo normal, ¿has perdido la esperanzas de salir viva de esta? — Bromeó Jensen, tomando el vaso de whisky a un costado, dando un leve sorbo. Hope se sentó sobre la mesa de billar, a su lado, particularmente calmada.
El muchacho calló por un segundo, sin saber cómo contestar. En lugar de una respuesta a sus palabras, el muchacho soltó una orden frívola y directa.
Recuerdalo, si tú mueres, todo acaba. Sin importar que pase, mantente segura. Incluso si implica dejarme atrás. — Soltando esas palabras como si no fuesen nada más que vocablos, le dio la espalda y la dejó sola en su lugar.
Al cabo de unos pasos, los estruendos reanudaron. Esta vez, era el vagón de al lado. Jensen conocía ese modus operandi, común entre los carroñeros. Jugar con su presa, hacerla retorcer de miedo y estrés, prolongar la agonía tanto como pudiesen. Podrían haber entrado y asesinarlos en cualquier momento de la hora anterior. Pero a ellos les gusta jugar con la comida.
Mantengan la calma. — Dijo Jensen, como si pudiese captar el temor en el aire.
Del otro lado de esa puerta sólo se veía la bruma negra y espesa, tragándose el hierro y el acero. En medio de esa oscuridad, resonaban esos terribles sonidos animalísticos. A veces sonaba como un león, otras como un lobo, todo en una sinfonía bizarra y horrorosa. Provocaba a uno taparse los oídos y gritar, era terrible. Desesperación, la más pura y agonizante desesperación.
Y la puerta se abrió. Jensen apuntó con su arma a lo que fuese que surgiese de entre esa penumbra. Aquello resultó ser una sombra alta de aspecto humanoide; de hombros anchos y corpulento. Siguiéndolo de cerca, un séquito de figuras amorfas en una perfecta formación, dos a cada lado del central.
Dieron varios pasos hacia el Cazador, éste plantándose con espíritu guerrero ante la amenaza. La linterna en su mano trató de revelar el rostro de esas criaturas, pero pareció descomponerse con tan sólo intentarlo. El cristal se quebró y se pudo escuchar como algo se quemaba en su interior. A sus espaldas, el mismo sonido provino de aquella que le había dado a Hope.
Hope. El Cazador no dudo al recordar ese nombre. Al igual que en el anterior encuentro con la muerte de níveas alas, se interpuso entre ese mal desconocido y su protegida. Una muralla era irradiada de esa determinación, una capaz de detener maremotos, tornados y a cualquier ser de este planeta. El poder de voluntad de aquel muchacho era increíble, aún para los inhumanos antagonistas frente a él.
Estos se detuvieron, como advertidos que un paso más significaría una batalla sin cuartel. Las luces rojas del lugar apenas lograba desvanecer un tanto el enigma de su naturaleza. Poco a poco, parecieron tomar una forma más y más humana; corpórea y reconocible.
Entonces, el líder, aquel que infundía desesperación con sus movimientos, alzó una extremidad. Esta empezó a tragarse las sombras que lo rodeaban, las obligaba a unirse en un crisol oscuro y azabache. Un brazo, una mano, dedos y uñas. Parecía formar un puño que se presionaba con furia y demencia, temblando. ¿Los aplastaría? ¿Los pensaba golpear hasta la muerte?
Jensen retrocedió un paso, siempre manteniéndose frente a la pelirroja. Una gota de sudor frío cayó por su mejilla. Fuese lo que fuese, estaba listo. Estaba listo para enfrentar la maldad pura de ese adversario.
Entonces ese brazo…, esa palma, se abrió. Y las luces bañaron el lugar, luces blancas y cegadoras. Todos tuvieron que cerrar los ojos, un dolor penetrante en sus sienes. Poco a poco se acostumbraron a la nueva iluminación. Y los vieron.
No eran ni por asomo lo que se podría imaginar que surgiría de ese concierto macabro. Las figuras eran humanas, bien definidas. Todos vestían elegantes trajes negros con corbatas rojas, lucían impecables y perfectos; como hombres de negocios de una gran compañía humana. Enormes capuchas cubrían hasta la mitad de sus rostros no permitían deducir rasgo alguno; tez, cabello, sexo o edad. Aunque uno de ellos incumplía esta norma; aquel que tenía la silueta más prominente.
Era un hombre mayor de unos cuarenta y tantos años. Su cabello platinado estaba peinado hacia atrás, con algunos mechones alzándose por encima de su frente. Vestía una camisa de color oliva, a diferencia de la de los demás que era negra. Rasgos apuestos y afilados marcaban un rostro fuerte de mandíbula cuadrada. Sin embargo, lo más destacable era sus ojos, ocultos tras un par de gafas negras de gruesos cristales. Estos, cuando la luz le daba, reflejaban un inquietante color púrpura.
El sujeto guardó silencio. Paseó la mirada entre todos los presentes, deteniéndose unos cuantos segundos de más en Hope, antes de regresar a Jensen. Entonces llevó su mano a su bolsillo, y retiró de él una caja de cigarrillos. Llevando uno a sus labios, con una paciencia envidiable, habló al muchacho.
Pareciese que nuestra prometido duelo por fin será consumado. Debo admitirlo, esperaba este momento con ansías. — De su pulgar, una innatural llama morada brilló, encendiendo el cigarrillo. — John Ackles, el Segundo.
Jensen tragó saliva en un gesto de preocupación que no muchos podrían notar. Sólo aquella persona que lo había visto en situaciones de peligro antes; en las que ni siquiera pestañaba más de lo necesario. Tratando de ocultar esta acción, alzó la comisura de sus labios, a los ojos de todos los presentes.
Así parece ser, Metamorfosis Sydonay. Sin importar cuántas veces pateé tu trasero, sigues volviendo. Como una mosca molesta en el más caluroso de los veranos. — Soltó reanudando su expresión de superioridad. — Y mi nombre es Jensen. — Replicó endureciendo su postura, con un dejo de odio.
Sin embargo, no lucía natural. Tal vez pudiese engañar a todos aquellos desconocidos, pero no a ella. Hope podía notar que Jensen no actuaba con normalidad, no podía percibir esa aura de calma y tranquilidad que siempre irradiaba. Algo, aunque no supiese que, andaba mal.
Sydonay no respondió de inmediato, sino que calló por un leve intervalo. Aún tras las gafas, uno podía deducir que miraba fijamente al Cazador. Entonces, sacando una de sus manos de sus bolsillos, señaló el brazo izquierdo de Jensen. Y luego el derecho.
Un gesto extraño, que parecía ser una especie de mensaje en código que sólo ellos dos podían entender.
Jensen retrocedió inconscientemente. Y el demonio sonrió.
Veo que lo recuerdas. Que bueno. Por un segundo, temí que tu cabeza se hubiese golpeado demasiado fuerte en aquella… caída.— Vociferó el demonio, antes de soltar la nube de humo por su nariz. La nube no era natural, era mucho más espesa, oscura y de tonalidad purpúrea. Dio un par de pasos hacia el Cazador, aún cuando este lo estuviese apuntando.
Balas de Salomón. — Murmuró bajando la mirada a la pistola. — Así es como llaman en las cámaras del infierno a tu nueva invención. Ciertamente, no esperaba menos de ti, Segundo.
Jensen no dejó que acabase la frase. Ya estaba enfermo de escuchar aquellas soberbias y venenosas palabras. Su pulgar se deslizó medio centímetro hacia abajo, moviendo el interruptor que definía el modo de disparo. Entonces, una tras otras, sin cesar ni intervalo notable, las balas fueron disparadas hacia el hombre.
Sydonay, que había regresado una mano a su bolsillo, observó con pereza como los proyectiles con la Trampa del Diablo tallada en sus cabezas arremetían en su contra. No se alteró, tan sólo… suspiró.
Y todas las balas, como si se hubiese producido una aberración en el tiempo-espacio en el que se encontraban, doblaron su trayecto. Chocando contra los focos, las paredes, los vidrios. Una incluso fue regresada a Jensen. Este apenas pudo mover su cuello unos centímetros, con la bala quemando su mejilla en una uniforme línea. De inmediato, se volteó preocupado por Hope, quien parecía también haber estado cerca de la muerte.
Sydonay soltó otra pesada nube de humo púrpura, al tiempo que Jensen chasqueaba su lengua. Tomó uno de los cargadores adjuntos a su cinturón y rápidamente reemplazo el que acababa de utilizar.
El de los cabellos plateados tan sólo ladeó el rostro.
—  Me ofendes, John Ackles. Quiero decir… — A medida que hablaba, comenzó a avanzar  pasos lentos hacia el Cazador. Este, con sus pies fijos al suelo, tan sólo continuó mostrando sus dientes cual fiera encolerizada. El cañón apuntaba directamente al espacio entre ambos cristales. Hope tal vez se preguntara por qué, por qué no disparaba. Lo cierto es que estaba congelado, por el miedo mismo. — Sabes de lo que soy capaz, mejor que nadie. ¿En serio pensaste que algo tan mundano como plomo y pólvora bastarían para matarme? — A este punto, la figura se alzaba frente a Jensen, al punto que tuvo alzar el arma. — Y más aún…, ¿en serio pensaste que podrías esconderte de mí, después de lo que hiciste en Detroit? — Sus palabras estaban atintadas por un sentimiento diferente, uno que rara vez veía en los demonios: resentimiento.
El Cazador a este punto ya ni siquiera podía articular palabras. Su pistola era inútil, su scramasax era inútil, hasta su daga era inútil en su contra. Este sujeto era diferente, no era un ser que pudiese engañar. Jensen estaba acorralado, y todo lo que el carroñero tuvo que hacer, fue pararse frente a él. Jensen, ante la mirada perpleja de su protegida, bajó el arma. Algo en esas últimas palabras lo había perturbado, lo podía ver en sus ojos, siempre tan fáciles de leer.
Lo recordarás por siempre…, ¿verdad? — Murmuró en voz baja, cabizbajo. Sydonay no respondió, tan sólo lo miró despectivo. — Sí,… por mucho tiempo, pensé que no me encontrarías. Que podría burlarte, encontrar una manera de matarte, antes de que me hallases… — La voz de Jensen estaba teñidas de un sentimiento de desesperanza. — Que podría perdonarme por lo que hice antes de este momento.
Sydonay exhaló el humo, pudiéndose sentir ese desagradable aroma a tabaco, ahora más que nunca. Cerró los ojos por una milésima de segundo, después de ello, pareció disponerse a dar un paso adelante.
¡Pero eso no significa…! — Vociferó Jensen, provocando que el demonio entreabriese sus labios, deteniendo sus acciones. Alzó la mirada, esas irises rasgadas por el carmesí. Llenas de pura determinación. — ¡No significa que me vaya a dejar asesinar por alguien como tú!
Detrás de ellos, las voces del esfuerzo acompañadas por un pesado rumor de golpe sonaron. La mesa de billar se encontraba con la cara superior de frente a Sydonay. En ella, los trazos vagos pero claros de una Trampa del Diablo, tan ancha como la superficie se lo permitía, se reveló ante los demonios.
¡Hope, atrás! — Gritó Jensen desenfundando su cuchillo, lanzándose hacia Sydonay.
Dos encapuchados, a salvo del sagrado símbolo, se movieron a una velocidad imposible para ubicarse entre el Cazador y su jefe. Sabían que no podían pararse frente a la marca, o serían incapacitados, pero eso no impedían que sus afiladas garras como navajas se agitasen hacia el castaño.
¡Que esperan, ahora! — Ordenó esquivando un golpe por apenas centímetros.
Saliendo al descubierto desde detrás de la barra, Frank y Otto arrojaron botellas de vidrio hacia los demonios. Estos, cubriéndose institivamente, fueron empapados por la sustancia en su interior. Agua bendita.
¡A un lado! — El Cazador tan sólo los empujo, pasando entre medio de ellos. Podría haberlos matado, pero no tenía tiempo que perder. Aún sin voltearse, lo sabía. Sabía que el labial con el que había dibujado el sello se estaba quemando hasta desaparecer, poco a poco. Le había dicho a Hope que tratase de mantener las líneas unidas, que no dejase que el sello se rompiese.
La muchacha, con el cosmético en su mano, seguía el pedido del Cazador. Cada vez que una línea parecía estar a punto de romperse, la reforzaría. Este trabajo era laborioso, y estresante. El sello poseía demasiadas líneas, escrituras y jeroglíficos. Bastaba que uno no fuese identificable para que el demonio se liberase. Y todos ardían por igual. El labial carbonizado caía dejando lugar a una nueva línea. La pelirroja podía sentir la penetrante mirada del de gafas oscuras clavándose en su espalda. Una sensación de temor casi dolorosa e insoportable.
—  La chica. — Murmuró este ser imponente. Los demonios que se encontraba a sus espaldas, a punto de arrojarse también sobre el Cazador, lo ignoraron. Abalanzándose a una velocidad imposible hacia Hope. Jensen agitó su daga en el aire, sin resultado alguno. Entonces gritó.
¡Espejos! — Gritó el Cazador. Detrás de la barra, el barman se alzó con una de las ventanas que habían logrado remover. El mismo símbolo estaba dibujado sobre su superficie. Apuntó con ella al demonio, buscándolo al guiarse con el haz de luz que era reflejado.
El encapuchado frenó sus pasos, confundido, y se volteó para observar su propio rostro, hundido en tinieblas, en el cristal. Sin embargo, la encargada de alzar el segundo espejo no fue capaz de cumplir su tarea. El mismo se resbaló de sus temblorosas manos, haciéndose añicos en el suelo.
Jensen escuchó ese sonido, sintiendo un vuelco en su pecho, mas no se volteó. Debía matarlo a él, a ese demonio que había jurado venganza contra el castaño. Lanzó una puñalada hacia Sydonay, y este, aún bajo los efectos de la Trampa, se hizo a un lado para esquivarla. Si bien era cierto que la Llave de Salomón restringía a los demonios, esto no significaba que no pudiesen moverse en su interior. El Cazador había leído esto, pero era la primera vez que veía uno tan poderoso para lograrlo.
Arremetió contra Sydonay, ignorando el resto del mundo. Y este sonrió, expectante a los movimientos de su jurado enemigo.
Pagarás por tus crímenes, John Ackles. . — Proclamó extendiendo sus brazos a los costados.


Mientras tanto, el demonio de traje negro y corbata roja arremetía en busca de la pelirroja. Esta resbaló con las balas que Jensen había descargado del revólver hace minutos, y al voltearse se encontró con el ser, escalofriante y por mucho más imponente que los que la habían atacado en Bucarest, con sus manos a los costados. Como si fuese a rebanar su carne y cercenar sus huesos.
El muchacho de los cabellos ceniza golpeó su cabeza con el taco de billar, en medio de un acto de valentía. La mujer cubrió su boca en un grito ahogado cuando el encapuchado pareció rugir como un lobo, volteándose lentamente hacia ellos. En un abrir y cerrar de ojos, el carmesí manchó tanto el piso como el paño a un lado. Algunas gotas cayendo directamente sobre el rostro de la rubia.
La cabeza del muchacho cayó al suelo, la sangre fluyendo desde sus perplejos labios. Su amada profirió un alarido, y el encapuchado saboreó su dolor.
A partir de este momento, todo pareció enloquecer. Los que habían sido mojados con agua bendita se arrojaron sobre el par de hombres que Jensen había apaleado antes. Los disparos de Frank resonaron inútil, al tiempo que la mano se cerraba sobre su cabeza, aplastando su nuca contra la pared repetidas veces, de una manera demasiado sádica y brutal. Cuando el carroñero lo soltó, Otto gritó despavorido ante la visión del deformado cráneo.
Hubiese vomitado en ese momento, de no ser porque su espalda se vio atravesada por afiladas garras, destrozando su caja torácica y rompiendo sus costillas para salir del lado contraria, completamente teñida con el color de la carne y los músculos. El hombre observó por unos segundos la tonalidad azulácea de sus entrañas, antes de fallecer.
El barman, sosteniendo el espejo con decisión, comenzó a notar como su cabeza empezaba a dar vueltas. La sangre comenzó a emanar de sus fosas nasales, pero era un hombre fuerte, así que se enfocó en mantener el espejo en su lugar. Pronto, sus ojos también sangraron, y sus oídos, y todo su cuerpo. Para cuando soltó el espejo y cayó de espaldas, el grito desgarrador de la mujer a su lado fue atronador. Todos los poros del hombre estaban sangrando, toda su piel era roja.
Jensen y Hope se habían encontrado con demonios antes, pero estos alcanzaban un nuevo nivel. La crueldad, el odio y el salvajismo con el que mataban a sus víctimas no tenía nombre, como si no los bastase arrebartarles la vida, sino que también poseyesen una necesidad de hacerlas sufrir y profanar sus cuerpos. Llevarlos a la desesperación.
Por ese motivo quizás aquel que había decapitado al joven que valientemente había intentado salvar a Hope, extasiado por la locura en la que su pareja estaba cayendo, olvidó su tarea. Y tan sólo se acercó para tomar con sus dedos, fríos y huesudos, el rostro de la escandalizada mujer.
Hope creyó escuchar algo en el fondo, más que el ruido de un motor deteniéndose, le llegaba como un eco. Como si fuese una espectador más que una participante de esa masacre. Por eso no notó el objeto que caía en medio de la sala, atravesando un vidrio. El humo comenzó a inundar el lugar, la pelirroja quizás culpó al tabaco de Sydonay, quizás su habilidad tuviese que ver con eso, ¿no?
Después de todo no sería tan descabellado. Nada tenía sentido ya, todo era absurdo y grotesco. Como una pesadilla dentro de otra pesadilla. Los hechos parecían empeorar justo cuando creía que ya no podían hacerlo, volviéndose más gráficos y traumáticos.
Sólo volvió en sí cuando se vio obligada a toser por la cortina de humo proveniente de esa granada, vio por el rabillo del ojo como una ventana era rota por un codo desde el exterior. Una persona ingresaba, la tomaba forzosamente  del brazo y la echaba sobre su hombro. Se sentía mareada por la falta de oxígeno, pero pudo entender que se encontraba en el exterior gracias a la brisa de aire frío chocándole el rostro.
¿Es ella? — Una voz femenina provino entre las sombras. Todo era demasiado borroso como para que lo pudiese definir.
El sujeto que la cargaba, que debía medir no menos de seis pies, comenzó a caminar a paso rápido hacia un par de luces blancas. Podía entender que se trataba de los faroles de un auto.
Es como Jensen la describió. Es un milagro que no esté herida. — Murmuró el desconocido.
Lentamente, Hope comenzaba a recobrar el sentido a medida que sus pulmones hacia llegar aire fresco a su cabeza. ¿La estaban secuestrando de nuevo? — ¿Crees que él haya muerto?
Justo cuando pensaba esto, el hombre la recostó sobre el asiento trasero, y  creyendo que se encontraba desmayada, cerró la puerta. A través del cristal, vio el rostro de una pareja afroamericana.
El hombre era alto, de pelo muy corto y barba de un par de días. Su pecho estaba cruzado por un cinturón de balas de alto calibre, tan grandes como su puño. La mujer era de labios gruesos, con gruesos mechones de pelo peinados hacia atrás. Parecía cargar una mochila, y sobre su hombro, sobresalía la figura de un mango. Lo reconoció de inmediato, era similar al que usaba Jensen.
Leíste su mensaje. Metamorfosis lo encontró. Por eso nos dijo que nos fuésemos sin él.— Dijo la mujer con voz poco claro. El siguiente intercambio no llegó a la mente de la pelirroja, ya que acababa de entender la situación.
Jensen. Jensen aún estaba en ese tren. Aún se encontraba combatiendo esas cosas.
Intentó decírselos, reaccionar pero las figuras desaparecieron. Y en medio de flashes negros de una conciencia envenenada por el monóxido de carbono, escuchó las puertas cerrarse. Y el auto comenzó a andar.
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Jensen J. Ackles

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Re: Point of No Return [ Priv - Jensen ]

Mensaje por Hope Everdeen el Mar Mar 04, 2014 2:38 pm

La camioneta no paraba de moverse de un lado a otro con rudeza, avanzando con rapidez sobre aquel terreno escarpado. Los dos cazadores, cada cierto tiempo, echarían miradas por encima de sus hombros hacia el pequeño cuerpo inconsciente en el asiento trasero, asegurándose que nada extraño le sucediera y esperando su despertar.

Un brusco viraje hacia la izquierda haría que su cuerpo cayera hacia el suelo del vehículo, golpeando su frente fuertemente con el borde del asiento del acompañante. Eso fue suficiente para despertarla de su letargo, con el dolor del reciente golpe, abrió los ojos de par en par, con sus pensamientos enfrascados en una sólo hecho:

- Jensen está en el tren.

Los dos presentes se giraron para verla unos segundos y luego intercambiaron miradas cómplices entre sí, sin mostrarse sorprendidos por esa revelación como tampoco confundidos, preguntándose de quién demonios estaba hablando aquella niña que claramente no se encontraba en su mejor momento.

- Mi nombre es Tamara - se presentó la mujer con voz firme - Él es Isaac. También somos cazadores, Jensen  pidió nuestra ayuda.

- ¡Con más razón! - exclamó Hope con impaciencia, aferrándose a las hombreras del asiento de Tamara, con sus uñas clavándose en el cuero  marrón -  ¡Es su compañero! ¡Son cazadores como él! ¡Hay que salvarlo!

Tamara desvió la mirada con pena, mordiéndose el labio mientras que Isaac, con la vista puesta en el camino, suspiró con cansancio.

- Él... nos pidió que te sacaramos de allí - explicó el cazador con voz pausada y grave que claramente empleaba para tranquilizar a las personas. Era bueno en ello, debía reconocerlo, pero en esos momentos lo único que podía calmar a la muchacha era ver a Jensen a salvo - Dijo que lo dejáramos atrás.

Hope tardó unos segundos en darse cuenta de lo que estaban diciéndole. Recordó entonces lo que el castaño le había dicho cuando le entregó su daga; las palabras zumbaron dentro de su mente como si se tratasen de una molesta mosca. Le había ordenado que, independientemente de si debía dejarlo atrás o no, ella debía aferrarse a su objetivo: mantenerse con vida.

Jensen sabía desde un principio lo que iba a pasar en ese tren. De lo contrario, ni Tamara ni Isaac habrían aparecido allí a su rescate, dispuestos a cumplir con la orden. Ni tampoco le habría dado su daga. Pero todo parecía ser mucho más sencillo en palabras que en hechos y la mera idea de dejar atrás al castaño le causaba repugnancia.

- Jensen está en ese tren - repitió, tratando de sonar firme aunque su voz flaqueó al final -. No me importa lo que él diga, hay que salvarlo. ¡¿Qué clase de cazadores son si abandonan a su compañero?!

Ambos cazadores hicieron una mueca adoloridos por esas palabras, aunque al instante Tamara frunció el ceño, claramente ofendida.

- ¡Unos que respetan las órdenes que reciben! - le dirigió una mirada intimidatoria pero Hope no se echó atrás, la observaba también con fiereza y determinación, una faceta tan discordante con su frágil apariencia que sorprendía. Tamara tuvo que reconocerlo: a pesar de su aspecto, la mocosa era valiente.

Isaac, quien siempre trataba de evitar los conflictos, carraspeó con nerviosismo.

- Los cazadores a veces tenemos que tomar decisiones difíciles, mucho más cuando no hay otra alternativa.

- ¡Sí que la hay: volver y salvarlo! - chilló Hope hastiada.

- ¡Jensen era nuestro amigo! ¡Lo conocíamos mucho más que tú! ¿Piensas que no nos afecta? Pero los cazadores debemos...

-  No hables de él como si se hubiera ido - le interrumpió con rudeza -  Y no me interesan lo que ustedes hagan, yo no soy una cazadora - fue hacia la puerta para abrirla y saltar con el coche en movimiento. Isaac rápidamente se percató de sus intenciones, trabando todas las puertas con un simple botón del tablero.

- ¡No podemos dejarte ir! ¡Entiende! ¡Jensen nos pidió que te protegiéramos! ¡Nuestra misión es que llegues sana y salva!

La voz de Isaac era una mezcla de súplica y desesperación. Se veía a simple vista lo mal que la estaba pasando en ese momento. No parecía un mal hombre sino todo lo contrario, y Hope en otra situación probablemente hubiera sentido culpa por su desconcierto. Pero Jensen estaba en ese tren y lo único que deseaba ahora era alejarse de Isaac y Tamara para buscarlo.

Golpeó el vidrio a patadas, gritando para que la sacaran de allí. Lo único que recibió a cambio fue una mirada de soslayo.

- Déjala - dijo Tamara con voz monocorde-. De todas formas el vidrio es blindado.

Ellos no sabían lo que había pasado en el Railjet II, no imaginaban siquiera el horror que se desataba allí dentro: La sangre manchando las paredes, los gritos agónicos llenos de terror, el contador bajando de forma descomunal, los pasajeros siendo horriblemente asesinados frente a sus ojos. Ellos no habían merecido ese destino tan cruel, su único error fue viajar con ella, quién sólo parecía traer consigo desgracias. Era como una pesadilla, sólo que tenía un grado más de terror: todo era real.

Hope empezaba a darse cuenta de los horrores de la vida de un cazador. No era algo tan burdo como simplemente matar demonios para salvar a indefensas personas sino que el asunto era mucho más oscuro y profundo: entregarse totalmente a una lucha constante, estar día a día frente a la muerte, tuya y de otros.
Recordó los números de Jensen. Su contador, al igual que el de los pasajeros, había comenzado a bajar rápidamente, lo había notado en el tren, donde permaneció en silencio llamando la atención del castaño. Y estaba segura que seguía descendiendo, no podía simplemente dejar que llegara a cero.

Se abalanzó hacia los asientos de adelante. Los cazadores gritaron molestos,  ya cansados de las insistencias de esa niña. Tamara le golpeó un codazo con fuerza a la altura de su sien y Hope sintió un agudo dolor que ignoró, estiró sus manos hacia el tablero y chispas azuladas salieron de sus manos. Éste explotó y las luces se apagaron, al igual que el sonido del motor.

¡¿Qué has hecho, idiota?! – exclamó Tamara fuera de sí.  Jensen les había mencionado que buscaban a la muchacha por algo en especial, jamás le había aclarado que era por manipular la electricidad –. ¡Ahora nos hemos quedado sin coche!

 En realidad sólo quería desbloquear las puertas – confesó Hope con rapidez –.  El resto fue un accidente.

La mujer farfulló por lo bajo una sarta de insultos hacia la pelirroja. Si no fuera porque le debía un favor a Jensen, se plantearía seriamente en abandonarla por ser una mocosa molesta y porfiada.

No estamos lejos de la estación de servicio, podemos ir allí a pie y robar otro coche – la calmó Isaac con su grave voz – ¡Hey! ¡Espera!

Hope ya estaba saliendo de allí, comenzando a correr volviendo sobre el camino. Isaac estuvo a punto de perseguirla cuando ella se detuvo de repente a unos pocos metros de allí. No era necesario preguntar el motivo: una intensa y anormal neblina los había rodeado, en el interior de ella podía oírse ruidos de pasos rápidos.

Los cazadores actuaron con rapidez. Abrieron el amplio baúl, levantaron el tapizado dejando ver un gran armamento y se prepararon para la batalla. Hope volvió hacia donde estaban, comenzando a armarse al igual que ellos. Aparte de la daga de Jensen, Tamara le dio un revólver con linterna, con balas de plata.   Agregó además bombas de agua bendita y un lanzabengalas (<< Esta pequeña me ha salvado la vida en más de una ocasión, tiene tres balas y lanzan un intenso haz de luz. Sirven para alumbrar tu camino o informar a otro de tu ubicación. Recuerdo que si no fuera por ella, aún seguiría vagando perdido en los bosques de Albania cuando tuve que cazar a unos hechiceros miembros de la Wicca. Los muy idiotas querían despertar a una súcubo, Abrahel específicamente, creyendo que era La Diosa >>, comentó Isaac con una sonrisa nostálgica, antes de que Tamara le diera un codazo para callarlo). Hope no les prestó atención, la niebla se condensaba cada vez más y los ruidos aumentaron su intensidad, dando la desagradable sensación de que en cuestión de segundos esas horribles criaturas aparecerían respirándoles en la nuca.

Los sentidos de la pelirroja estaban alerta, con sus manos apretadas fuertemente sobre el arma, dispuesta a disparar a quien sea que se apareciera. De repente, Isaac lanzó un sonoro alarido y cayó hacia atrás. Tamara y Hope se giraron espantadas, podía verse una mancha escarlata a la altura de su pantorrilla, como si un animal lo hubiera mordido.

¡La serpiente! – exclamó.

El enorme reptil se deslizaba velozmente entre los pastizales. Tamara disparó dos veces pero éste los esquivó con rapidez, escabulléndose. Isaac se incorporó con cierta dificultad, maldiciendo por lo bajo. Se acercó a ellas rengueando al tiempo que se oían unos gruñidos.

¡Cuidado!

Tamara tiró de ella, lanzándola hacia atrás y disparando a un lobo de forma humanoide  que saltó desde  los pastizales. Parecía salido de una película de terror. Era corpulento, aún caminando encorvado, medía aproximadamente un metro setenta y estaba cubierto por una gran mata de pelos grisáceos. Su gran cabeza mostraba unas orejas y hocico alargados, éste último con una gran cicatriz que llegaba hasta su frente. Sus brillantes ojos ámbar se posaron sobre Hope, resplandeciendo de forma antinatural. La criatura abrió la boca, mostrando una dentadura afilada manchada con sangre fresca. Hope estaba segura que se trataba de la sangre de Isaac.

Tac, tac, tac. En el cielo resonaron unos fuertes graznidos, un sonido bizarro y estridente.  De repente todo se volvió oscuro y Hope por unos segundos pensó que se trataba de una nube de tormenta, pero era mucho más negra y espesa que una además de que avanzaba demasiado rápido. Afinando la mirada distinguió pequeñas figuras emplumadas totalmente negras: cuervos, cientos de ellos. No paraban de emitir sonidos desagradables y desafinados, mientras batían las alas con  fuerza, descendiendo en picada.  

Isaac se puso frente a ella y sacó dos cuchillas grandes de tres puntas que comenzó a mover a tal velocidad que sólo podía ver una mancha gris que comenzaba a mezclarse con rojo a medida que los cuerpos de esos pájaros caían al suelo. Parecían estar dispuestos a atacarlo sólo a él, buscando arañarle los ojos con sus patas.

Hope sintió un tirón en sus cabellos. El cuervo de mayor tamaño, el líder de la bandada, volaba a unos metros de ella, mirándola fijamente a los ojos con sus grandes ónices.  Sostenía fuertemente con sus patas una larga tela roja que ella no tardó en reconocer. Dio un grito ahogado, al tiempo que el cuervo emprendía vuelo de nuevo: era la bufanda de Jensen.

El ave seguía el camino en dirección al tren. Hope se mordió el labio, dudando unos segundos de si dejar a Tamara y a Isaac solos, combatiendo con el licántropo y los cuervos respectivamente.

Negó con la cabeza, volviendo hacia ellos. Hope sólo pudo oír un graznido molesto y otra bandada de cuervos surgió desde los cielos, cayendo en picada hacia su persona. La pelirroja gritó sintiendo los fuertes tirones de cabello y los arañazos en su rostro y hombros.  Lanzó varias descargas eléctricas y los pájaros chillaron, cayendo al suelo chamuscados. Pero eran demasiados, una masa negra y amorfa que no paraba de atacarla. Hope cubrió su rostro con sus brazos y comenzó a correr.

No sabía exactamente a donde dirigirse, apenas podía ver entre la nube oscura y la niebla, pero seguía la dirección de  una luz anaranjada. Debían haber activado las luces de emergencia del Railjet II, probablemente Jensen y el resto de los metamorfos seguían luchando en su interior.

Cada vez las luces anaranjadas se hacían más intensas, adquiriendo una forma definida. Hope abrió los ojos de par en par y se detuvo en seco, aún con los cuervos hiriéndola.

 No puede ser posible…

Enormes lenguas de fuego de aproximadamente cinco metros bailaban frente a ella de forma macabra, alumbrando la escena con un resplandor ambarino. El Railjet II estaba en llamas.

¿Sorprendida?

Una voz femenina, fuerte, áspera y fría resonó a sus espaldas. Al escucharla, los cuervos se alejaron de Hope y ascendieron unos cuantos metros por encima de sus cabezas comenzando a volar en círculos alrededor de las dos féminas figuras.

Hope se volteó para verla. Era una mujer alta y de porte erguido, con una larga mata de cabello negro, enmarañado, que enmarcaba un rostro de mandíbula cuadrada y pómulos bien definidos. Sus ojos grandes y saltones, tan negros como la noche, contrastaban con el tono cetrino de su piel.  Llevaba un vestido largo de color negro, ajustado, con un corsé de cuero y un pronunciado escote de encaje. Sus hombros estaban al descubierto, mostrando tres tiras que unían unos largos guantes, también con encaje.  Al ver la expresión desconcertada de la chica, sus labios rojos se curvaron hacia arriba en una cruel sonrisa.

¿Preocupada por el joven cazador, mocosa azucarada? – la observaba con un aire de arrogancia y desdén, mientras que  sus manos jugaban con la bufanda –. No lamento para nada decirte esto: ¡Está muerto!

Rió de forma escandalosa, dejando entrever una hilera de dientes mal formados. Parecía una completa desquiciada.

Hope sintió una dolorosa punzada en su pecho y apretó los puños. Jensen no podía estar muerto. Parecía una idea descabellada, como decir que el cielo estaba en el suelo y que dos más dos eran cinco.

 ¡Estás mintiendo! – gritó encolerizada.

La sonrisa de la mujer se amplió aún más.

Sydonay lo mató – continuó ella con malicia –. Lo vi suplicar por su vida…

Eso fue la gota que colmó el vaso. Hope sacó su arma y apuntó rápidamente a la mujer quien la esquivó con facilidad.

¡Murió por tu culpa! ¡Para salvarte! – chilló. Hope disparó de nuevo pero ella corrió rápidamente, sin recibir ningún tiro. La mujer se cubrió el cuello con la bufanda y sus manos cambiaron de forma, sus uñas se alargaron aproximadamente unos treinta centímetros y se curvaron, convirtiéndose en filosas garras –. Es un idiota, ¿sabes? Porque yo voy a atraparte.

Y se lanzó hacia ella. Hope dio un salto al costado, las garras apenas rozaron su lado derecho haciéndole dos cortes superficiales que comenzaron a sangrar. Estando tan cerca, Hope disparó de nuevo, dándole en el hombro a la mujer.

¿Cómo te atreves a atacarme? ¡¿Piensas que una mocosa como tú va a matarme a mí?! ¡¿A Morrigan Krauss?! – la mujer siseó molesta mientras sacaba sin reparo la bala de su hombro y la lanzaba hacia ella a una velocidad sobrehumana. Hope se agachó justo a tiempo, unos segundos más y probablemente habría recibido la bala entre sus cejas –. No vas a matar a un Eidolon Superior solamente con un poco de plata, mocosa.

Hope comenzó a correr aún disparando a Morrigan sin acertar de nuevo. Los altos pastizales perjudicaban aún más disparar y moverse, al menos para la pelirroja: La metamorfa no daba ninguna muestra de esfuerzo.

Morrigan se acercaba con facilidad y la pelirroja no podía hacerla retroceder. Siguió disparando con frenesí, fallando en su gran mayoría. Al séptimo intento el arma no hizo más ruido que el de sus dedos presionando el gatillo. Hope sentía que el alma se le caía a los pies y ese desconcierto se reflejó en su rostro, ya que Morrigan rió sonoramente:

¿No te enseñaron a ahorrar, mocosa?

Dio un gran salto, acortando la distancia entre ambas y lanzándose encima de ella. Hope se removió en vano, a pesar de su apariencia, Morrigan, cuyo cuerpo era pura fibra, pesaba bastante.

Tienes suerte de que sea benevolente – susurró a su oído, una uña de sus largas garras se deslizaba por su cuello de forma vertical, haciendo un pequeño corte –. En cuestión de minutos te reunirás con Ackles.

 ¡Mientes! ¡Jensen está vivo! – exclamó Hope – ¡Sydonay no es capaz de matarlo! ¡Jensen es más fuerte!

Morrigan frunció el ceño y apretó los labios con firmeza,  formando una arruga en las comisuras de su boca y el medio de su frente. Las garras de la mujer rasgaron su pulóver y cortaron su piel a la altura de su pecho, con movimientos precisos y con sentido, como si siguieran un patrón específico.

Hope gritó de dolor, moviéndose de forma frenética. Morrigan la tenía totalmente dominada y ella sólo sentía la sangre cubriendo su pecho. La pelinegra finalmente aligeró un poco su agarre y ella pudo bajar la mirada, viendo los cortes fluyendo de forma constante.

Soy una gran artista, ¿no crees? - se quitó la bufanda y la enredó en el cuello de Hope con burla - Ten, por si mi mensaje no es suficiente para que lo recuerdes.

Ella no tardó mucho en descifrar el mensaje. Los cortes tan coordinados de Morrigan en realidad eran palabras. La frase “JENSEN ESTÁ MUERTO” estaba escrito sobre su pecho de forma desproporcionada y desprolija. Los cortes, si bien no tan profundos, seguían sangrando y tiñeron de escarlata su púlover rosa pálido.

Morrigan rió como una desquiciada y por primera vez, Hope sintió odio hacia alguien. Un calor que surgía desde lo más profundo de sus entrañas y se hacía paso como un monstruo voraz, una criatura que sólo deseaba herir a Morrigan, hacerle sufrir todo lo que se merecía. La estática comenzó a fluir por su cuerpo, cada vez con más voltaje, como si esta vez actuaran de acuerdo a la voluntad de la muchacha. Fue el turno de Morrigan para gritar, dio un salto hacia atrás, totalmente desconcertada. Sus ojos, abiertos de par en par, giraban desde las quemaduras de su cuerpo hacia la férrea expresión de la pelirroja, una y otra vez.

Te he subestimado – reconoció la mujer con tranquilidad, una tono de voz tan frío y calmado que auguraba peligro –. Veamos qué puedes hacer ahora.

Y entonces, Hope contempló la bizarra escena: la cabeza de Morrigan se ensanchó a tal punto que parecía que iba a explotar y su cuerpo se arqueó, doblándose de manera antinatural y deformándose. La muchacha comenzó a correr cuando una gran capa de pelo rubio cubría la piel a partir de los hombros de la metamorfa.

Cuando llegó al bosque jadeando, observó por encima de su hombro. Una enorme esfinge avanzaba con tranquilidad hacia ella, el modo sigiloso de su andar le hizo acordar a los documentales de Animal Planet, donde mostraban a grandes felinos como los leones cazando a sus presas.

Hope continuó corriendo, adentrándose aún más en el bosque. La recibió una verde penumbra y la molesta sensación de ser observada por cientos de ojos invisibles. Miró a sus alrededor, debía encontrar una manera de vencer a Morrigan, algo que pudiera detenerla, no estaba segura de que su electricidad sirviera.

¡Jensen está muerto, Jensen está muerto, Jensen está muerto! – canturreó la cruel voz de Morrigan. Estaba aún a una distancia considerable de Hope, entonando esa horrible canción como si se tratase de un himno.

La pelirroja no sabía qué hacer, sus heridas sangraban creando un rastro carmesí a su alrededor lo que fácilmente guiaría a Morrigan. No tardaría mucho en ser encontrada. Si tan sólo no estuviera herida…
Pero conocía a alguien que aún herido podía pelear como si eso no fuera un problema. Cerró los ojos, ¿qué haría Jensen en su lugar?

Gracias, Jensen – susurró con una sonrisa. Tenía una idea.


---------------- -----------------


El olor a sangre era inconfundible y con cada paso que daba era mucho más intenso. Morrigan sonrió con malicia, canturreando por lo bajo un desafinado verso sin rima:

Jensen está muerto.
Escucha lo que digo,
sabes que no miento.
Sydonay no es lento,
años de entrenamiento,
no son suficientes con él.

“ Sydonay, me inclino ante ti,
por favor mi vida haz de perdonar,
sabes que me arrepentí “
Eso Ackles no paraba de suplicar.
Pero Sydonay es difícil de cautivar,
y Jensen no pudo esquivar,
ese ataque letal.

Escucha lo que digo,
sabes que no miento,
Sydonay no es lento,
su cabeza aplastó
Y Jensen muerto quedó…


La esfinge detuvo su canto cuando atisbó un reflejo carmesí.  Apuró el paso y se lanzó sobre ella, dispuesta a desgarrarle la espalda. Pero Hope llegó a esquivarla por unos milagrosos centímetros y la electrocutó con fuerza. Morrigan gritó, dando un fuerte zarpazo en la espalda de la chica, quien cayó y se arrastró para seguir adelante.

Qué perseverante – halagó la pelinegra arañando las pantorrillas de la menor –. Es una pena que no quiera que escapes.

Hope se mordió el labio, sofocando el grito de dolor.  Morrigan la obligó a girarse y alzó una de sus pesadas zarpas, sonriendo con regocijo. Los ojos negros de la mujer estaban fijos en los suyos, reflejando un odio que no esperaba en lo absoluto. Ambas patas apretaban sus muñecas, incapacitándola.

Encontrar a Jensen había bloqueado un sentimiento lógico, uno que se surgía ahora a partir de aquella mirada ónice: miedo.  El cuerpo de Hope finalmente reaccionó, su corazón latía con fuerza como si quisiera salir de su pecho y su respiración se aceleró a niveles sorprendentes. Chispas de electricidad azules salían a intervalos irregulares de su piel pero no era capaz de controlarlas, apenas hacían más que un cosquilleo a la imponente esfinge.

Así estaba Jensen Ackles – ronroneó la esfinge –. ¿También vas a suplicar por tu vida?

Esa frase despertó a Hope de su miedo.  Pensó en qué haría Jensen, en cómo aplacaría sus sentimientos para seguir adelante.

¿Te gusta lo que te escribí en el pecho? – se regodeó apretando con fuerza sus muñecas.

Hope cerró los ojos y pensó en la estática fluyendo por su cuerpo. La concentró en sus muñecas y Morrigan retiró las patas al instante, adolorida. Rápidamente buscó en sus ropas y tomó el lanzabengalas, disparando a los ojos oscuros de la esfinge.

Un intenso y blanquecino haz de luz cegó a Morrigan. Hope aprovechó esa distracción para alejarse de ella y rengueando buscó un refugio que le sirviera para llevar cabo su plan.

Unos minutos más tarde, finalmente Morrigan pudo ver con claridad. Sus ojos lloraban por la explosión y siseó furiosa. Deseaba matar a esa mocosa, pero como no podía hacerlo, se conformaba simplemente con torturarla. En el suelo,  la sangre creaba un camino que se dirigía hacia un enorme árbol hueco a pocos metros de donde estaba en el cual fácilmente podían caber varias personas dentro, incluso aunque una de ellas fuera Morrigan con su monstruosa apariencia.

Mocosa, este es un muy mal escondite, ¿sabes? – se agachó un poco para entrar y de repente percibió un movimiento. Movió la cabeza y, donde segundos antes una daga iba a atravesarle la garganta, ésta se limitó con hacerle un corte en su mejilla que comenzó a sangrar –. Eres lenta.

 No buscaba eso – Hope sonrió y se oyó otro disparo.

Morrigan insultó furiosa, alaridos que terminaron en gritos de dolor. Cuando la luz se disipó una vez más, la metamorfa vio como la daga estaba clavada en una de sus patas, manteniéndola en el suelo. Transformó la que estaba libre, su diestra, a su forma normal para quitarse la daga sin lastimarse más. Ni bien rozó el mango sintió un intenso ardor y gritó sorprendida.

Palo santo.

Alzó la vista, fuera del árbol la pelirroja terminaba de trazar rápidamente una conocida simbología con la sangre de sus heridas. Morrigan la insultó sabiendo que esa Trampa del Diablo la tenía atrapada. Había subestimado a la mocosa, debía reconocerlo. A pesar de su apariencia, no era tan inútil y débil como creía.

Voy a escapar y te voy a hacer pagar por todo esto, te lo aseguro.

No veo cómo podrás salir de aquí – contestó Hope con cansancio –.  Estás atrapa…

Se quedó muda. Una gota de lluvia golpeó su mejilla. Alzó los ojos aterrada hacia el cielo, cubierto de nubes grises. Otra gota. No puede ser, pensó Hope con molestia comenzando a correr. Cuando Morrigan rió como desquiciada, la tormenta se desató con todo su esplendor.





El dolor en sus pantorrillas era insoportable pero Hope no podía dejar de correr jadeando adolorida. La tormenta la empapó por completo y le molestaba a la vista, pero recordaba más o menos el camino que había tomado. Detrás de ella escuchaba el ruido de un chapoteo y los gritos encolerizados de Morrigan.
No había escapatoria pero tampoco quería rendirse. Siendo fiel a su nombre, esperaba que algo ocurriera que le permitiera salvarse.

Llegó a la entrada del bosque y distinguió las dos figuras cubiertas de agua de Isaac y Tamara. Tenían ciertas heridas, pero en general estaban en buen estado. Suspiró aliviada, ignorando sus expresiones furiosas y sorprendidas.

 ¡Morrigan! – alertó a los gritos.

Rápidamente Isaac sacó una pesada ballesta y apuntó. Hope sintió la correntada de aire del perno de palo santo pasando a su lado y giró su cuerpo, al tiempo que éste atravesaba el pecho de Morrigan. La metamorfa gritó y cayó al suelo, moviéndose como si estuviera convulsionando. Segundos más tarde se incorporó en su forma humana, con el pecho ensangrentado, al parecer no había tocado ningún órgano comprometedor.  Isaac no le dio tiempo siquiera a recuperarse, disparó dos veces más, cada perna atravesando el hombro de Morrigan y clavándolo contra un ancho roble.

Esta vez no gritó, para desconcierto de los Cazadores y de Hope, Morrigan rió con fuerza. Una risa que te helaba los huesos, que auguraba que pronto iba a desgarrarte la garganta.

Dame la daga  – ordenó Tamara con brusquedad –. Quiero callar a esta loca de una vez.

Hope buscó entre sus ropas y sintió como el corazón le daba un vuelco.

La dejé en el bosque – susurró con voz queda.

¡¿QUÉ?! ¡¿HAS PERDIDO EL ÚNICO ARMA QUE TENÍAMOS PARA MATARLA?!  – Tamara le tomó de las prendas y levantó a Hope varios centímetros del suelo, sacudiéndola. La bufanda se deslizó cayendo al suelo y la pelirroja no se inmutó: se quedó inmóvil, como una muñeca de trapo. – ¿Qué te pasa? ¡Responde!

Pero los ojos magentas de la muchacha no la miraban a ella, estaban puestos sobre Morrigan.

Jensen Ackles está muerto – la voz de Morrigan sonaba suave e hipnótica –. ¿Lo ves ahora?

Hope asintió. Podía verlo perfectamente: en medio de las llamas, Sydonay se acercaba a Jensen, quien se había quedado sin balas. La frente del cazador sangraba y tenía un gran hematoma en uno de sus pómulos. El castaño corrió hacia Sidonay pero éste lo atrapó con facilidad del cuello, lo alzó varios centímetros , viendo inescrutable los intentos desesperados del joven por escaparse. La mano libre de Sydonay se transformó en una filosa cuchilla en punta y ésta atravesó el pecho de su víctima. Jensen abrió los ojos, tanto que parecían que fueran a salirse de sus órbitas; trató de decir algo pero la sangre le impedía hablar. Finalmente el brillo en sus carmesí desapareció y su cabeza calló hacia atrás. Sydonay lanzó su cuerpo a un costado, como si se tratase de mera basura…

Hope gritó del dolor. Un alarido ensordecedor y terrible, que parecía escapar de su garganta como si tuviera vida propia. Se movió desesperada y Tamara la sostuvo como pudo. En contraste con los gritos, Morrigan continuaba riendo encantada.

¡Dispárale Isaac, la está torturando mentalmente!

El cazador obedeció. Rápidamente cargó la última perna y apuntó. A pesar de estar clavada contra el árbol, Morrigan no paraba de moverse y él temió en errar y desperdiciar su última perna por no darle a la cabeza. Apuntó a su estómago y disparó.  

Los gritos y las risas cesaron. Morrigan escupió sangre y cerró los ojos, aún respirando con lentitud. Hope por su parte dejó de moverse y Tamara la soltó con suavidad. Estaba pálida y ensangrentada, pero aún se esforzaba en mantener el equilibrio.

 ¿Jensen está bien? – preguntó a modo de súplica, tomando la bufanda con cuidado.

Tamara miró a Isaac en busca de apoyo. Ambos estaban enojados con la pelirroja, pero en el estado en que se encontraba, hasta a Tamara le parecía cruel retarla por todo los problemas que había causado por su capricho injustificado. Contempló los cortes en su pecho, donde podía fácilmente leerse “JENSEN ESTÁ MUERTO” y  asintió débilmente con la cabeza.

Está vivo y sin heridas mortales. Nos pudimos comunicar con él, ya acordamos un punto de reunión seguro, tenemos que encontrarnos allí ahora.

 Lo sabía… – susurró sonriente. Y cayó al suelo sin fuerzas, aún aferrándose a la bufanda roja. Isaac se acercó a ella y la cargó en brazos, mirándola con pena.

Eso fue cruel, Tamara. Le diste falsas esperanzas a esta niña, cuando se entere de la verdad va a ser peor

Tenemos que llevarla sana y salvo, cumplir con la misión de Jensen. Si está tranquila es mucho mejor  – susurró ella vacilante –. Además… ¿tú te hubieras atrevido a decirle la verdad?  

Isaac negó con la cabeza. Él también habría mentido. ¿Y quién no? No se atrevía a serle sincero a esa niña: sabía que decirle a Hope que Jensen estaba muerto  implicaba destruir su pequeño mundo.

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