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► Don't you ever presume to know what I am

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► Don't you ever presume to know what I am

Mensaje por Jason Lightwood el Miér Sep 25, 2013 8:35 pm


   
   
   




Gabriel, okay?... They call me Gabriel

Mahiro Fuwa from Zetsuen no Tempest / “Es todo un truco. Un simple, elocuente truco”


Datos básicos

Nombre completo: Nathaniel Odair
Apodos:
El Arcángel de la Verdad
Gabriel (por los arcángeles)
Loki, Hermes, Anansi, Mercury (por los paganos)
Trickster (por los exorcistas)
Edad Real: Desconocida
Edad Aparente: 16-21 años
Nacionalidad: El Cielo
Orientación Sexual: Heterosexual
Raza: Arcángel Caído
Lealtad: Neutral
Ocupación: Trickster
Rango: Espía


Descripción Psicológica



Disfrazado de semi-dios, Nathaniel se comporta de manera traviesa, disfrutando sus macabros juegos. Abraza un modo de vida hedonista, incluyendo un gusto por los dulces, característico de los Trickster, con el fin de esconder aún más su naturaleza. Aún en los tiempos en los que caminaba entre sus tropas, era reconocido por falta de seriedad, y por usar engaños y estratagemas para ganar guerras y llegar a sus metas.
Sarcástico, fastidioso; su personalidad está más cercana a un humano que al de un ángel, debido a los milenios que ha pasado refugiado en la tierra. Tiene un alto estima a la raza humana, a pesar de todos sus defectos, debido a que sostiene que, a diferencia de los egocéntricos ángeles y los violentos demonios, algunas personas si intentan mejorar y cambiar día a día; perdonarse los unos a los otros.
Los demás semi-dioses lo conocen como Loki, presente en la mitología nórdica, y lo consideran el más inmaduro y problemático de todos. Sin embargo, también admiran las fronteras a las que llegan sus habilidades e ingenio, al mismo tiempo que lamentan el mal uso que les da.
En la Tierra, disfrutó durante cientos de años de usar la ironía para castigar a los humanos que consideraba una molestia a la sociedad, logrando atraer la mirada de exorcistas que muchas veces culpaban a los demonios de sus actos. Jamás fue descubierto in-fraganti, estando siempre un paso adelante de sus perseguidores, plantando falsas pruebas y usando sus muchas caras para continuar en el incógnito.
Es posible que se lo considere demasiado infantil de a momentos, pero es portador de una enorme sabiduría y entendimiento del funcionamiento del universo y sus seres. Comprende fronteras que los humanos ni siquiera han llegado a ver en el horizonte, las emociones humanas y como leerlas, mas es incapaz de comprender gran parte de ellas.  
Detesta la guerra entre el Cielo y el Infierno, pero desestima las proporciones de la misma, razón por la cual elige permanecer en un bando neutral.




Historia



“En la mitología y leyendas de todas partes del mundo, a menudo se presenta una criatura que, particularmente, se repite una y otra vez. Es llamado embaucador o Trickster, y se lo muestra como un dios, espíritu, hombre, demonio, o bestia antropomórfica que hace trucos o de una u otra manera desobedece reglas y normas de comportamiento.
Los nórdicos lo llamaban Loki, los griegos Hermes, los romanos Mercurio. Todos ellos presentan rasgos similares, y una conducta especial e infantil.

Esta, es su historia.”

El tercero de los arcángeles, quedándose detrás de Raphael y Michael, siendo mayor que Lucifer, Metatron y los demás hermanos. Fue creado ocupando el lugar de mensajero entre Dios y sus ángeles, así como juez en las disputas que se llevaban a cabo en la mesa de su familia más cercana.
Con la creación de los humanos, Lucifer comenzó a volverse celoso de estos, pudiendo atisbar en ellos un futuro desastroso y defectos que jamás estuvieron presentes en las primeras creaciones del Señor. Gabriel desestimó las fronteras que su hermano podría llegar a alcanzar para irse contra su Creador.
Una vez que este se hubiese alzado junto con la mitad del Cielo en la Primera Gran Guerra, se sintió culpable por no haberlo podido ver venir. Michael, su hermano mayor y el mejor guerrero de Dios, exigió a Gabriel su cooperación en la tarea de darle muerte a Lucifer. Sin embargo, este se negó rotundamente, negándose a tener que elegir un bando dentro de su propia familia.
Dios no dio palabra en esto, brindándole libre albedrío a sus hijos, mas Michael tomó las armas dispuesto a obligarle a su hermano menor a obedecerlo...

Spoiler:
— ¡No puedes pedirme esto! ¡Debe haber otra forma! — Había protestado Gabriel, interponiéndose entre Michael y la salida de esa sala, la de la mesa del Señor.
Intentar poner el Cielo en palabras es una tarea imposible, por lo que sólo se puede compararlo con lo más cercano en este mundo. Una sala inmaculada, aparentemente infinita, con pilares de mármol de gran grosor, y en el medio, una mesa que no admitiría más de diez personas. A lo lejos, el pórtico que resguarda la sala del trono.
Pintados en medio de esta dispuesta, yacen dos seres que tampoco pueden ser puestos en palabras. De hablarse de su verdadera forma, se estaría contemplando dos criaturas tan altas como un rascacielos, con seis alas en sus espaldas, tres cabezas una de las cuáles es un león. Pero una vez más, el alcance de nuestro entendimiento no llega a alcanzar tal magnitud. Por lo que de verlo, cualquier criatura vería a dos jóvenes, de aparentemente veinti-tantos años, vociferando y discutiendo.
— Gabriel, hay una guerra haya afuera. Nuestros hermanos están muriendo. ¡Están siendo masacrados por esos... esos... seres impuros! ¡Este no es momento de vacilar! Debemos atacar, y hacerlo rápido. Ese ya no es nuestro hermano. — Respondió Michael, extendiendo la Espada de Arcángel al renegado, incitándole a luchar.
Pero Gabriel no estaba convencido. Aunque supiese que lo que decía era verdad, que estaban al pie de un baño de sangre, todavía recordaba a Lucifer, su pequeño hermano, y creía en la posibilidad de que hubiese otra salida.
Y no sólo por él, sino por los miles de ángeles menores que habían seguido las palabras de violencia y revolución. Ellos también eran su familia, y tendría que verlos morir en una batalla sin cuartel.
— ...esos también son nuestros hermanos. Lucifer también lo es.
Respondió apretando sus puños, mirando al suelo vencido por su indecisión. Michael estalló en ira, desenfundando su arma hacia su hermano.
El mayor estaba cansado de esta conducta, a diferencia de Gabriel, este no acostumbraba a recibir un no como respuesta. En tiempos de guerra, era él quien estaba como segundo al mando, y regía con mano de hierro al Ejército Celestial. U
n arcángel podía hacer la diferencia en la batalla, y si Gabriel no estaba de su lado, significaba que Lucifer tendría oportunidad de reclutarlo. No podía permitir eso...
— ¿Piensas desobedecer a nuestro Padre? ¿¡Oponerte a su Palabra!? Tú... tú no eres diferente a él. Egoísta, caprichoso, sólo preocupándote por ti mismo... Ya no eres bienvenido aquí, Gabriel. — Replicó su hermano, provocando que el rechazado alzase su mirada atónito, tan alterado por esas palabras que no era capaz de notar el filo de esa espada.
Ese era su hogar. Demonios, era todo lo que conocía. Jamás había salido del Cielo, jamás había visto ningún otro punto de la tierra más allá de un simple espejismo.
— ¿...me estás desterrando...? — Adolorido, sin duda, furioso, pero cegado por la desesperación por sobre todas las cosas. — ¡Hemos sido familia, por eones! Michael... Nacimos juntos, crecimos juntos... Por favor, no hagas esto... Debe haber otra manera... ¡siempre la hay! — Extendió sus manos hacia su hermano, suplicante, intentando hacerlo entrar en razón.
Pero era demasiado tarde. Michael quería una guerra, y no dejaría que nadie, ni siquiera él, se interpusiese en su camino. Detrás del renegado, el aire tomó forma, y otro ser idéntico al mayor apareció.
Una copia del arcángel, de Michael, a espaldas de Gabriel, portando la misma espada angelical. Sólo que esta era la real. Atravesó la espalda de él, directamente a través de su corazón. Esa arma, tan única que debía ser creada junto con el arcángel mismo, era capaz de dar muerte a los seres más poderosos de la creación. A los mismos arcángeles.
La sangre había empezado a fluir de la boca del inmóvil renegado, quién sólo podía bajar la mirada hacia esa hoja bañada en esa tinte carmesí.
— ¿...por qué?
Sólo eso podía preguntarse. Por qué. Por qué había sucedido todo esto. Por qué sus hermanos se habían convertido en estos monstruos, por qué su Padre no hacía nada para detenerlo, por qué tenía que suceder esto. Por qué, por qué.
— No me has dejado opción, Gabbe... No puedo dejar que tú también caiga en la perdición... No lo soportaría... — Musitó mostrando un visible y profundo dolor, aunque reconociendo que lo que hacía era justo, y debía suceder. Aguantaba las lágrimas, mintiéndose a sí mismo. — Espero que descanses en paz.
Y sin embargo, Gabriel no mostró signos de muerte. Su alma no estalló dentro de su persona, su cuerpo no se desvaneció, sólo continuó mirándolo, entendiendo cuál era la única salida.
— ...Y yo espero que tú puedas vivir en paz, Michael. En serio.
Y con esas palabras, tan diferentes a las de un moribundo, tan llenas de honestidad y virtud, el cuerpo se desvaneció en humo. Una copia, un falso protagonista.
Michael se volteó de inmediato, para encontrarse a sus espaldas al verdadero Gabriel, portando su propia Espada Arcangelical, firme y con pura resolución en su mirada. Siempre un paso adelante, siempre previniendo hasta la más impensada situación. Ese era Gabriel.
— No olvides, que aprendiste todos tus trucos de mí, hermano mayor. — Exclamó extendiendo sus alas de plata a sus espaldas, con todo su cuerpo emanando esa esencia pura de un arcángel.
Michael respondió abriendo sus alas de oro, desvaneciendo su copia, listo para entrar en esa cruda batalla.
— ¿Pelearás conmigo? ¿Cuándo todo lo que he querido para ti, siempre ha sido lo mejor? ¿Cuándo entiendes que si no te doy muerte, te convertirás en otra abominación como Lucifer? — Proclamó el prepotente arcángel, empezando a dar lentos pasos hacia su hermano.
Y sin embargo, Gabriel no mostró defensa alguna, sino que bajo su espada. Y con suspiro, exclamó las últimas palabras que vociferaría en el Cielo.
— No, Michael. No lucharé contigo. Porque eres mi hermano, y daría mi vida por ti, así como también lo haría por Lucifer. — Con eso, dio la misma cantidad de pasos hacia atrás, no temeroso, sino intentando alargar esa anticipación. — Pero no me quedaré a ver como se masacran los unos a los otros. Yo no estoy de tu lado. Ni tampoco estoy del lado de Lucifer... Yo... Estoy, de mi lado.
Y así, antes de que su hermano mayor ejecutase ataque alguno, una cegadora luz blanca lo sorprendió de la nada. Para cuando esta se desvaneció, también lo hizo Gabriel.
El Arcángel de la Verdad, se había marchado del Cielo, para nunca jamás volver. Lejos, muy lejos.

Habiendo sido atacado por Michael, y rehusándose a tomar parte en la sangrienta guerra del lado de Lucifer, Gabriel se refugió en el único lugar que sabía que no lo encontrarían. En la Tierra, la obra maestra de Dios.
Tomar medidas para no ser descubierto no fue difícil, lo difícil sería encontrar una manera de pasar la eternidad, solo, lejos de su familia y su casa. Debió aprender a convivir entre los humanos, pero su forma rústica y tan baja de vida siempre lo obligaba a utilizar sus poderes para saciar sus necesidades. Y en consecuencia, debía alejarse al asustarlos.
Quién sabe cuánto tiempo vago por este mundo, exhiliándose a sus propias mundos de cartón que creaba para distraerse, realidades falsas que se sentían reales, simulando un sitio parecido al Cielo.
Se engañaba a sí mismo, pasándose años en estos mundos de papel. Pero siempre terminaba lamentándose, sabiendo que en realidad estaba solo... Y siempre lo estaría.
Sin embargo, un día los encontró a ellos.
Seres que se hacían llamar a sí mismos Dioses, que decían haber creado el mundo y sus seres, que obligaban a los humanos a brindarles alabanza y sacrificios. Gabriel entendía que estos no eran más que seres mestizos. Vástagos de demonios y humanos, ángeles y humanos, ángeles y demonios...
Pudo simpatizar con ellos, ya que comprendía lo que se sentía ser superior a los habitantes de la Tierra, pero sin lugar al que pertenecer. Pronto, muy pronto, se unió a ellos, diciendo que él también era un Dios, que debían alabarlo de igual forma y cumplir con sus órdenes.
Uno de ellos, que llevaba un parche en su ojo y portaba un enorme martillo, trabó una gran amistad con el arcángel, encantado por sus trucos y sus actos de elocuencia. Con el tiempo, lo adoptó como un hijo, y cansado de no tener un nombre por el cual llamarlo, le otorgó un título.
Loki, el Dios de las Travesuras.

Aprendió a divertirse en la tierra, a disfrutar de los placeres terrenales y mundanos como el alcohol, la batalla amistosa, y las mujeres. No sólo eso, sino que respondía a los pedidos de justicia de su pueblo, impartiendo castigo a los malvados de maneras irónicas y crueles. Intentaba, a su propia forma, de hacer de este un mundo mejor. Al mismo tiempo que reclamaba su pequeña esquina en estas tierras heladas.
Con el pasar de los tiempos, viendo como las culturas en la Tierra empezaban a diversificarse y como personas tan diferentes empezaban a alzarse como líderes, escapó del Valhalla, ciudad de los dioses nórdicos, y comenzó a vagar por la Tierra. Conoció a tantos hombres ilustres, y se cruzó con tantos otros dioses, que por primera vez en mucho tiempo, se sentía vivo. Sentía que pertenecía a algo.
Así, llegó al Olimpo, dónde una vez más entusiasmo a Hades y Poseidon con sus actos. Sin embargo, tuvo que huir cuando Zeus se enteró de los amoríos que había conllevado con sus hijas, recibiendo relámpagos que jamás dieron en el blanco. Como un invitado indeseado, fue recibido en muchos otros lechos de dioses que afirmaban ser los creadores de la Tierra, y lo llamaban un impostor.
Nunca les corrigió. No le creerían, de todas formas, y se sentía bien estar al margen de discusiones y guerras. Solamente llegaba a beber vino, tener aventuras con otras diosas, y huir cuando estas se hubiesen apegado demasiado a él. No hay esquina en el mundo que Loki no hubiese visitado, y fueron muchos los otros nombres que le fueron dados.
Anansi, Hermes, Mercurio. Y sin embargo, siempre se apegó al nombre que su padre adoptivo le había dado. Loki.

El tiempo pasó más rápido de lo que él hubiese deseado, y para cuando su travesía hubiese sido completada, se propuso volver a casa, en medio de las urbes de las grandes ciudades. No obstante, una vez más, el destino le juego una cruel broma. Los altares, aquellos en los que miles de personas solían alabarlo a él y sus iguales, habían sido quemados y todos se habían unido en esta nueva "moda de Jesus". Los llamaban paganos y falsos dioses, muchos los habían olvidado y otros los consideraban un simple mito.
Por mucho que buscó, no encontró ni a Odin ni a los demás dioses. Llegó a la conclusión de que o debían estar muertos, o bien, se habían exiliado como él alguna vez había hecho.
Loki se sentía sólo una vez más, dejado atrás en medio de un mundo al que no pertenecía.

¿Lamentarse de sí mismo? ¿Lamentar su naturaleza? ¿Cómo lo había hecho hace tiempo? No. Ya había pasado por eso una vez, ya había entendido que Gabriel no tenía lugar en la Tierra. Pero él ya no era Gabriel, era Loki.

Y aún sin sus fieles ni su familia adoptiva, continuaría haciendo lo que hacía mejor; trucos, malignos e irónicos trucos. Debiendo ahora esconderse entre las sombras, tomando disfraces de médicos, oficinistas y lo que fuese que se le ocurriese; continuó dando castigos irónicos y extremos a los que él consideraba una molestia a la sociedad. Una vez más, emprendió otra travesía en su nuevo disfraz, sin un nombre, sin una identidad, simplemente... él.

New York, Londres, Paris, Barcelona, Estambul, Shangai. Los mismos puntos que había visto en el pasado como pequeñas aldeas, ahora se alzaban como enormes y bulliciosas ciudades. Y entre esos humanos que las habitaban, muchos se habían emprendido a la tarea de cazar a los demonios que intentaban alterar el orden de su mundo. Unos pocos llegaron a seguirle la pista a Gabriel, y cuando lo encontraron, tenían un nombre para él: Trickster.
Una criatura demoníaca, que se divierte a costa de los humanos.
Que un arcángel fuese llamado demonio era divertido, pero también se sentía bien tener un nombre que usar. Gabriel les agradeció este bautismo perdonándoles la vida, desapareciendo al mismo tiempo que creaba una nueva leyenda; la del Trickster.

El tiempo sigue su inalterable marcha, y el arcángel comienza nuevamente a sentir esa innegable necesidad de encontrarse entre seres más allá de humanos. Percibe que un gran cambio esta por llegar, por esa conexión nata que posee con el Cielo y sus movimientos, sabe que algo grande se avecina. Hace preguntas por aquí, por allá. Sigue rumores y cuentos, hasta que ve que no todo han sido simples bromas.
En verdad, estas criaturas, los humanos... Ellos lograron, algo que ni él, ni Michael, ni Lucifer, ni el mismo Dios alcanzó. Paz, un lugar dónde la paz es más que un sueño. Dónde demonios y ángeles pueden verse a la cara sin tener que desenvainar armas y derramar sangre.
Por supuesto, el Trickster no era estúpido. No podía simplemente entrar allí haciéndose proclamar como arcángel. Michael caería con toda su furia y borraría esa diminuta ciudad de la faz de la Tierra apenas lo escuchase. Y no podía dejar que el esfuerzo y trabajo que los humanos habían puesto en levantar ese sitio fuese desperdiciado.
Curioso, pero prudente, adoptó una nueva identidad.  La de un Híbrido, uno particularmente fuerte, con cualidades que los humanos consideraban demoníacas, así como la gracia, inteligencia y calma de un ángel. Los que lo conocieron, lo consideraron particularmente poderoso, debido a que no veían en él los estragos característicos de los de su clase.
Jamás se enfermaba. Jamás estaba cansado. Jamás bajaba la guardia.
Una personalidad extraña, e imponente. Al ser inmune tanto a ángeles y demonios, con los humanos no pudiendo siquiera soñar con hacerle daño, había encontrado un papel que podía jugar a la perfección: Nathaniel Odair, el privilegiado de los híbridos.

Aunque no se puede decir que hubiese llegado sólo por diversión y curiosidad. Tan sólo unas semanas en ese instituto le hicieron comprender que los ángeles no confiaban en los demonios, los demonios detestaban a los ángeles, los intermedios se apegaban a sus razas, y los humanos maquinaban formas de hacerlos caer a todos.
-Suspiro-
— Las costumbres son difíciles de perder, supongo. — Se había dicho a sí mismo, caminando por el borde de un rascacielos, con una menta en su boca y sus manos detrás de su cabeza. ¡Qué diferente se veía a como había empezado! Cabello largo, desarreglado, ropas informales y mundanas, falta de modales y gestos bruscos y sin gracia. En efecto, se había metido de lleno en su papel. Gabriel había muerto, y jamás regresaría.
El arcángel abrió sus alas, poniéndose de espaldas a la ciudad. — Vaya show que tendré para ver, desde primera fila. Y al final del día, todos nos iremos al infierno. — Alzando sus comisuras, se deja caer en ese abismo interminable. Más su cuerpo jamás toca el suelo, su figura jamás llega al final. —
Desaparece, una vez más, porque después de todo...
— Lo menos que puedo hacer, es disfrutar el viaje hasta el final.


“Así es como comenzó su historia... Y aquí es dónde termina.
Él es el Trickster.”

Poderes



» Flash Step
Spoiler:

Llegar de un punto al otro sin tener que recorrer el espacio entre ambos, la gente a menudo lo llama teleportación. Ciertamente, Nathan tiene la libertad de poder ir a cualquier punto del mundo que desee, pero aún el más capaz de los demonios y ángeles no puede jactarse de tal hazaña.
Por este motivo, restringe esta habilidad para que no resalte demasiado entre los demás, logrando así mantener su disfraz lejos de todo peligro. Esta variante se llame Flash Step, o Paso Relámpago.
Con el mismo, es capaz de desaparecer y aparecer a corta distancia, dejando una estela cobalto detrás de su persona. Según afirma Gabriel, esta habilidad tiene un rango limitado, y actúa según esto, aunque en realidad esto no es más que una farsa.
Existe un período entre cada uso, dado que se está torciendo el flujo existencial al cambiar de una posición a la otra con tanta rapidez.

» Reality Warping

Habilidad de controlar hasta cierto punto la creación misma. Esto es la habilidad principal de Nathan, y de los arcángeles de nivel superior. Es la rama a partir de la cuál nacen las kinesis y las fortalezas físicas y psíquicas. No obstante, la misma no muestra su máximo potencial, debido a los controles masivos que debe realizar para evitar que el flujo de la existencia de la alarma a los demás arcángeles.
Siendo un Trickster, se sabe que es difícil disernir que es realidad y que es un truco cuando él esta en  las cercanías. Puede generar escenarios enteros del tamaño de salones, cuerpos sin alma y objetos. Sin embargo, estos están todos vinculados a Nathan. Cualquier golpe que llegue hasta él conlleva la desaparición de todo lo que ha creado. Estos escenarios, a su vez, se alimentan de la energía del Trickster. Por lo tanto, de alejarse este, el mismo desaparece.
En otras palabras, es una ilusión sólida, que puede dañarte y llegar a matarte. Casi real. Pero nada más que un engaño.



Otros
Según el mito, los Trickster pueden ser asesinados usando una estaca mojada en la sangre de una de sus víctimas. Si bien esto no es capaz de acabar con Gabriel, sigue su disfraz, evitando este tipo de armas y haciéndolas arder a primera vista.
La única forma de atraparlo, es mediante un círculo de aceite sagrado, una rara sustancia sólo presente en Jerúsalen, haciendo arder la misma a su alrededor. Este fuego no es diferente al normal para los demás seres, pero de tocar a un ángel, lo reduciría a cenizas en el acto
La Espada Arcangelical que lleva, así como cualquiera de las espadas de los demás arcángeles, es capaz de asesinarlo de dar un golpe letal.
Si bien es el Tercer Arcángel, no significa que sea más fuerte que los demás. De entrar en combate, se podría decir que estarían en igualdad de condiciones.
Posee un apetito por las cosas dulces, en un principio sólo actuaba como si le gustasen para mantener su cobertura. Con el paso de los años, se volvió afín a los dulces.
Al estar en una posición neutral en la guerra, y ser un prófugo para ambos bandos, siempre, absolutamente siempre busca pasar desapercibido. No se lo verá haciendo gala de sus poderes de no ser necesario, y busca mantener un perfil bajo en todo momento. En ocasiones, ha huido a combates con demonios, e incluso humanos, todo por el bien de su disfráz.
Jamás entabla combate seriamente, se basa en engaños para diseñar una ruta de escape. De luchar, a menudo no se lo toma en serio, deja que el enemigo conecte ciertos golpes, etc. Esto se debe a que, siendo un arcángel, sus poderes van más allá que el de un híbrido; batallar a su máximo potencial lo dejaría en evidencia.
Es un asombroso tirador, yendo más allá que cualquier humano podría soñar. Conociendo el funcionamiento de las armas de fuego desde su creación, ha perfeccionado ciertos estilos propias a través de los cuales controla los disparos para que siempre den el blanco, o tomen la ruta deseada. Su arma insignia es una Desert Eagle negra, adaptada para disparar tres balas en ráfaga, y una Beretta 92FS Inox plateada, con tres tipos de tiro intercambiables.
Curiosamente, su Espada Arcangelical siempre está presente entre sus ropas, aunque la misma no salte a la vista ni pueda ser alcanzada, dado que Gabriel es el único que puede desenvainarla.
De ser interceptado por otros ángeles, a no ser que tuviesen miles de años de edad, dificilmente lo reconocerían. Los arcángeles menos apegos a él también serían incapaces de saber que es él. Sin embargo, alguien con quién hubiese tenido una relación estrecha, tales como sus hermanos Michael y Lucifer, no dudarían ni un segundo sobre su persona.
A diferencia de los demás ángeles caídos, Gabriel no posee sus poderes vinculados a una fuente de poder, mucho menos al Cielo. Es su propio organismo, su propio ser y alma quién le brinda sus habilidades. De esta forma, las mismas son únicas e irrepetibles, sólo otro arcángel podría imitar tal nivel de poderío.
Gusta de los dulces, las armas, las artes marciales, viajar, las mujeres femeninas, historia y cualquier hobby que se venga a la mente.
Detesta la guerra, las estacas, las comidas amargas, los escándalos, los gritos, los reproches y la injusticia.


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Re: ► Don't you ever presume to know what I am

Mensaje por Invitado el Jue Sep 26, 2013 5:37 pm

Rechazada!..ok no.. Ficha Aceptada!.
Bienvenido ultimo arcángel caído que aceptaremos, diviértete espiando, confundiendo a la gente y lanzando troncos! puedes proceder con los registros


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